Así es estimadísima dama, elegante caballero:
No hay burlas con el amor corre como maratonista tras un prologado trago de Gatorade. Bueno, todo menos la tan controversial última escena, que es en lo personal probablemente mi favorita. ¿Saben a qué sabe que la obra corra? Pues como… como… a paleta de grosella. A primer beso. A champagne y fiesta, a jerez con pobretilla, a contemplar prolongadamente los ojos de la amada. ¡La obra corre! Y los teatromancios nos regocijamos, pues estrenamos en menos de un mes y más nos valía. Pues vimos la diferencia en la cara del director. Y no sólo corre: ¡la obra nos da risa! Quién sabe si el público se vaya a reír, pero a nosotros me cae que sí nos divierten como enanos todos los personajes con sus pequeñas o grandes ridiculeces. Así que, a reserva de que el director publique la fecha de estreno, los invito a estar ahí. ¡Que comiencen “estas burlas de amor que son veras”! Que “si no hay burlas con una fiera, ¡no hay burlas con el amor!”
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