viernes 8 de enero de 2010

Artemancia o Juanito de la brocha gorda

Saludos terrícolas. Ya de nuevo por a cántaros el agua después de muy merecidas vacaciones navideñas. Y reinauguro esta página del arte contemporáneo con unas verdaderas joyitas. Nada menos que las fotos prohibidas de las sesiones de decorado escenográfico de nuestro recién estrenado dispositivo escénico. Sin más preámbulos vamos a las imágenes.

De antemano una disculpa por el gesto poco agraciado, no era de intención que el maestro Etiencito mostrara tan poca gracia, comprenderán que cuando el artista crea, deja de lado todo el glamour. Pero noten el uso del color azul Rambler del 82, casi chiclamino, con que viste su paleta. Acompañado del dorado aluminio de casa de nuevo rico. ¡Muérete de envidia Picasso! Como un homenaje a "El código Da Vinci" podemos notar que en el dorado color el maestro esconde una silueta de su propio perfil (viendo hacia la izquierda, sobresale su delicada naricita), el cual se camuflará al terminar el cuadro. ¡Qué dominio del abstraccionismo!

Aquí vemos al maestro Calepiné Delacroux usando con maestría el finísimo pegamento ochocientoscincuenté que maneja con donaire en la creación de su técnica mixta de papelé macheché.


Los jóvenes en el taller, como en el renacimiento, aprenden de los grandes maestros y muestran enormes esfuerzos y trabajo arduo, se ve como se desviven por ayudar y como se acomiden a apoyar en todos los menesteres. Juventud, divino tesoro.


Como todos los grandes, Etiencito el Greco Rococó es temperamental. En la imagen de arriba lo vemos con gesto adusto ante una inocente crítica a su uso de la brocha. Su nariz apuntaba amenazante al impertinente y acalló todas las voces en la muy exclusiva azotea donde el maestro sentó su taller.


Aquí el maestro Calepiné posa con gesto sereno y satisfecho junto a su obra, la cual pasó de un simple elemento maderil (que recuerda al cuadril de Yamil) a una obra que expresa toda la ambivalencia conceptual de la aldea globalizada en esta época de paradigmas estereotipados y deserticos. ¡Loor al artista del mandil meseril!

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