viernes 31 de julio de 2009
Se nos acabó julio
El tempo de la suspicacia es lento
Por mis amigos, bohemios...
jueves 30 de julio de 2009
El teatro que me gusta
Recordé entonces cuando, hace ya varios milenios, escribía crítica de teatro. Vino a mi recuerdo cómo abundaban mis textos en sarcasmo al encontrarme con obras sucias, descuidadas, o con “papayas cósmicas” que es como algunos (UNAM sobre todo) denominamos a los pseudo-hallazgos de dramaturgos y directores drogados que piensan que son originales cuando sólo son aburridos e inconsistentes.
¿Y el teatro que hago? ¿Resiste estas pruebas? Ahí está lo padre. Sí, soy un pesado. Casi todo el que me conoce lo opina, pero también trabajo porque los resultados que doy lo valgan. Y, desde luego, no hago teatro con quien, a mi parecer, no lo sabe hacer. Me ha ocurrido en el pasado (no menciono ni cuándo ni con quién) que me parezca que los resultados de la obra en la que estoy apestan, o que lo que me pide el director es estúpido. Gracias al cielo, eso quedó en tiempos pasados y muy pasados.
¿Y Teatromancia? Teatromancia es la neta. Como todo proyecto, con sus procederes y veleidosidades particulares, tiene qué criticar. Pero me parece que pasa muchísimas pruebas de calidad:
1. El reparto es gente profesional, que actúa con precisión, limpieza e inteligencia.
2. La dirección, la producción y el diseño son propositivos, buscan cosas, son elocuentes.
3. No hay reparos en señalar que alguien hace esto o lo otro mal, en pedir que las cosas se corrijan.
4. El ambiente de trabajo es rico. Nadie es ni significativamente más tonto ni más listo ni más o menos talentoso. Se siente equilibrio.
En resumidas cuentas: me puedo quejar del tiempo que nos ha tomado llegar a donde estamos (hoy estuvimos entonando 3er acto), pero debo aceptar que sí, que resiste las pruebas de mi pesadez y las sobrepasa con creses. Es la compañía que me gusta, en la que quiero estar. ¡Está chido esto!
viernes 24 de julio de 2009
Pedazos sueltos de un pensamiento fragmentado situado en el ensayo del jueves pasado…
Hola, hola a todos, fui, llegué a tiempo, ya nada más falta Montes y Julia, bueno, ella siempre llega tar… digo, después, con su tiempo justo, ashhh ya, no trates de justificarte y cállate, no empieces, acuérdate que quien riega mierda… hola, hola, besos, saludos, abrazos. Qué padre Iván está de buenas, me dio reteduro en la espalda, ya lo empiezo a estimar, jajaja, qué mala; uy mira Yamil también está de buenas, no está enfermo ya es ganancia, jajaja, ay, pero si de veras que eres “malvadita”, como diría Dan. No, no mente recta, mente recta, bah, me los voy a cotorrear, están de buen talante y yo estoy contenta…
Ah, mi Pasa, qué gusto, mi hogar, la perfección del cosmos se restituye, todo en su sitio, todo en su lugar…
¿Ya casi es hora, dónde diablos está montes? “Zohar viene contenta”, bueno ¿de plano se me nota tanto? traté de disimularlo, pues sí, vengo en otra frecuencia de pensamiento y sí me siento plena y feliz y a este hombre no se le escapa nada, ¡qué manera de leerme el rostro, y la energía y todo; será que vengo agitada, sudada??! y yo que siento que ni le interesa lo que me pasa, bueno, en fin, traté de ser disimulada y discreta. Silencio, me dice mi fantasma, no se los compartas, al cabo que ni les importa… pero es que quiero decírselo a Juan (momento, pensé en él como Juan, no, en serio vengo desaforada, algo ya me sacudió las entrañas y la cholla esta tarde, ahhhh estoy feliz, plenamente feliz… pero ya es hora del ensayo, recomponte, trata de concentrarte , ya estás en otro lugar, este es otro espacio, tienes que ensayar con
Bueno, viene Montes o no, dónde diablos está, si esto no empieza pronto me paro corriendo y me voy a gritar por el mundo que estoy retecontenta. ¡Chanfles! mis tripitas suenan, no me dio tiempo ni de comer… Pasa me va a regañar: “Japarita, por qué no comes” bueno, así nos vamos de aquí a cenar-nos jajaja, uy, creo que me sonrojé, se van a dar cuenta, saca tu desodorante y piensa en otra cosa… la lara lala lara… sí, sí, no soy pudorosa y qué, Yamil me dice que no me ponga desodorante, cómo si no me conocieran ya lo suficiente, no soy glamourosa, ni lo seré, ni me importa serlo… son mis cuates, qué no? puedo hacerlo frente a ellos, o no? Les molestará en serio??? ESO QUÉ, carajo, ya sácate esa frase de la cabeza esoquéesoqué, pareces niña fresa del TA… bueno, de escuelita nice de la del Valle… pues si les molesta qué mal… estos cacahuates casi se acaban y tengo hambre y ganas de abrazar a Juan, y darle las buenas nuevas (no, no seremos papás) y correr a decirle “gracias por todo, mis triunfos son tuyos” mmmm, bueno saliendo de aquí, o en la noche mmm la noche, caray ya me sonroje otra vez. Alguien anuncia que Montes no va a llegar, y qué esperamos, ah, sí el director nos brinda de su excelente café, jajaja ya se acabó, Yamil no está y no va alcanzar nada cuando vuelva… por cierto dónde demonios está, ah, se fue a hablar por teléfono, con quién, por qué casi para empezar el ensayo… bueno, no molestes a lo ajeno “esto no es mío, esto no es mío”.
Lectura, qué mal leen el verso algunos de mis compañeros… assshhhh, yo también leí remal la estrofa anterior… por qué Leonor parece que se está muriendo, ah claro, es Julia, tiene un timeting tan relajado que siempre leer como si su personaje estuviera agonizando, ah no, más bien es ella la que está agonizando, tuvo estreno ayer, yo no fui, por qué no fui, mmmm, ah sí pu´s tuve mi ensayo con los Cocos, chale , esa función en San Juan de las Tunas como que no me está gustando, tengo que viajar el fin de semana y no sé a dónde nos van a hospedar, y yo tan quisquillocita que soy, ojalá me toque dormir con Isa, es rebuena onda, bien alivianada… ¡¡¡chispas!!!!, no le he dicho a Etienne que voy a faltar al ensayo del sábado, pu´s es que no me da tiempo de llegar a la función hasta allá, qué haré, qué haré, bueno si ellos faltan porque se van de vacaciones que yo no falte porque tengo función… función mata ensayo, función mata ensayo…. híjolessss, ni me acordaba que tampoco el jueves voy a poder ensayar con
Bueno, esa no salió tan mal, me gusta Beatriz, está reloca, pedante, engreída, quesque culta, bueno -culta sí es- soberbia, berrinchuda, ¡¡¡¡chale, qué miedo, se parece a mí!!!!, mejor ni me comparo, voy a salir perdiendo jajajaja… me la apliqué solita… como que ya le agarré el ritmo, como no se lo voy a agarrar si vivo con el Poeta: maestro, la simbiosis de la pareja reflejada en el dominio sincopado del idioma, jajaja ¡¡sazcuas!!! estoy peor que Beatriz, estás re mensa, Zohi, ya cállate, pon atención, no bueno, es que algunos leen como… órale
Listo, vámonos a comer y festejar… hoy es un día feliz.
jueves 23 de julio de 2009
Entre métodos anda el juego
Ahora pues que tengo tiempo (aunque no he hecho mis programas de estudio, ejem) me he acercado al libro de Robert H. Hethmon El método del Actors Studio. Es un texto de teoría teatral, donde a través de conversaciones con el indispensable Lee Strasberg y la reproducción de grabaciones magnetofónicas (pre-ipod) de sus clases, Hethmon hace una exposición de la formación que tenían los actores que se preparaban en el Actor´s Studio de Nueva York. En este texto, un fragmento ha llamado mi atención. Dice Strasberg:
La gente ha empezado a decir: “Está bien usar el “Método” para obras realistas, porque obviamente los actores del Studio son buenos. Pero dejadles que se ciñan a sus propias obras. Mantenedlos alejados de las obras poéticas”. Yo no puedo aceptar esta separación, ni en la vida, ni en el arte. Para mí, lo externo es tan real como lo interno. El aspecto que tenéis me emociona y me afecta. Como ser humano puedo apreciar el exterior –humana y auténticamente. Esto no es un valor falso. Lo externo se convierte en falso únicamente cuando otros elementos no coinciden con ello.
Harto de acuerdo con Strasberg, reflexiono un poco sobre nuestro trabajo en No hay burlas. La primera reflexión es si debimos, como afirmó esa “gente”, mantenernos alejados de un texto poético. Y no es porque seamos muy “buenos” como los actores de Actor´s que me lo pregunto, sino porque a veces no recuerdo el por qué nos quedamos con esta obra después de nuestra ardua búsqueda (aparte de la votación manipulada que nos dejó a Zohar y a mí con un palmo de narices: ¡Voto por voto! ¡Casilla por casilla!). Y es que es una obra que, todos reconocemos, es grandiosa en el uso del lenguaje, valiosa por su bien delineada estructura dramática, acorde totalmente al tipo de comedia del Siglo de Oro. Sin embargo es difícil encontrar el cómo podemos crear eso que llamamos identificación. Identificación con lo que piensan los caracteres creados por Calderón hace tanto tiempo. Identificación con la situación que, para los ojos contemporáneos, es poco menos que lejanísima. Y más difícil encontrar una identificación entre los que formamos la compañía y este tipo de teatro.
Cualquiera de nuestros lectores que conozca a Etienne, a Yamil, a Juan Carlos, a Zohar y al que esto escribe (porque somos los que escogimos) podrá realizar el ejercicio que yo hago. ¿Qué tipo de obra creerían que es la ideal para montar de cada uno de estos teatromancios? Yamil es espeso como la crema agria. Juan Carlos es apocalíptico, Zohar es un ente herético y azotado, Etienne carece de cualquier vestigio de ternura y de cualquier forma de humor que no sea o el sarcasmo o la ironía. ¿De dónde salió, entonces, No hay burlas? ¿De dónde sale una comedia clásica, de final feliz, en verso; entre esta reunión de amargados contestatarios posmodernos? ¿Será el tipo de teatro que nos conviene?
Yo creo que si, siempre y cuando logremos construir esa coincidencia, de la que habla Strasberg, entre lo externo y lo interno. Y eso puede lograrse si se crean puentes entre lo orgánico y lo formal; por ejemplo el maldito dilema del verso, que ya he mencionado, verdadera paradoja para comediantes como nosotros. Lograr el balance entre la “correcta” forma de decir el verso y su sustento interno. Sustento que ya de por sí es difícil al construirlo en una situación ya lejana de nosotros. ¿Cómo construye la situación de vasallaje al paterno pecho aquella mujer de pingües muslos que desde hace tiempo vive en feliz unión libre con su “pasa”, sin pedir ninguna autorización ni a Dios, ni a la sociedad, ni a su familia? ¿Cómo crea un hipocondríaco de nuestros días un sentimiento, con verdad, de honor caballeresco si en su vida cotidiana sólo se bate en duelo con viejitos en la fila de la Comer? ¡Actuando!, dirán a coro los sabihondos. Pues muy fácil la cosa. ¿Pero hay verdad? ¿Si se actúa muy correctamente en la forma, pero no en correspondencia con lo que piensa-siente el ser humano concreto que es el actor, hay falsedad?
¿Dónde anida en nosotros la vida interna que podemos dar a luz para nuestros personajes? ¿O nos quedamos sólo en la “correcta” interpretación de la comedia? ¿Sustentamos la puesta solo en el ritmo (más rápido... más lento, baboso, no se te entiende... ¡Mueve las nalgas, pareces tullido!), en la métrica (inflexión, inflexión... ¡que inflexiones, cabrón! Así, ahora encabalga o te ensillo, tarado) y en el trazo limpio (Que te pases para allá... más allá... ¡junto al otro menso!... Ah que la, aquí güey. A ver papá, te paras aquí, caminas para acá, avientas a este retrasado y te detienes junto a este idiota. ¿Ya?), o hay algo más?
Problemas varios que emprenden los tripulantes de la nave Teatromancia. Y ante estos problemas y nuestra elevada meta, habrá que revisar también nuestras fortalezas. Tenemos en Calepino un docto conocedor del verso, lo cual constatamos hoy, que al sólo escucharlo, descubrió un escondido dodecasílabo donde había de haber un sutil endecasílabo. Tenemos también un actor harto positivo y siempre de buena disposición en Yamil. En Zohar una mujer disciplinada hasta la compulsión y con fuerte temperamento en escena (aunque en la vida sea una mujercita suave y babeante por su Juanito, cosas de la vida). Y así podemos seguir. Y así podemos encontrar esos aportes en cada uno del grupo que pueden llevar a buen término este complicado proyecto.
Habremos pues de encontrar nuestro propio Método; que no será Mendocino aunque lo quiera Etienne, ni filológico-poético como lo haría Juanito, ni furiosamente disciplinado estalinista como lo preferiría Zohar. No será Valenciano Psico-corporal como lo hubiera impuesto yo. Ni cabaretero de aquelarre como lo idearía Julia. Ha de ser Método Teatromancio, y por ello, ha de ser bastante bueno.
miércoles 22 de julio de 2009
Notas del director (ya no sé ni qué número)
sábado 18 de julio de 2009
El ingenioso hidalgo don Juanito, el Manchado II
CAPÍTULO II. Retrato, horóscopo, vida y transfiguración de don Juanito
Esa diáfana imagen de la bella gitana que se presentaba ante sus ojos, removió en el caballero don Juanito sentimientos que, ha mucho, dormían en su ser. Las múltiples andanzas, los incontables pasos, los entuertos que enfrentó; todos y cada uno de ellos sedaron sus sentidos al amor en lejanos tiempos. Sobretodo los entuertos. Éstos habían dejado su marca en la salud del caballero, quien a causa de los enojos sufridos siendo desfacedor de entuertos, había adquirido de diario en su estómago otros iguales a los que sufren las damas al parir, lo que hacía que pasara interminables horas agazapado entre los matorrales del camino, profiriendo miles de herejías hasta liberar al cuerpo de su azarosa carga.
Una de sus más peliagudas aventuras ocurrió durante la batalla de Lepanto. Después de su viaje a Sodoma, último nivel de su infierno personal, el caballero estaba harto de todos los malos hábitos adquiridos en su frenesí de epicureísmo. Probados todos los placeres, conocidas todas las banalidades, don Juanito decidió por fin entregar su vida al Creador. Igual que otros hombres de Dios, como el mismo San Agustín, don Juanito se dejaba llevar ciegamente por las pasiones humanas y mundanas, y seguía abiertamente los impulsos de su espíritu sensual y mujeriego. Pero al llegar su climatérico día, probados todos los pecados, no quedaba para él más que el servicio a Dios.
Así se embarcó en el ejército de La Santa Liga. Su unión a la tripulación de una de las galeras cristianas fue producto del juramento que hizo al apóstol Santiago después de recorrer el camino de Compostela, que aunque dicha costumbre no estaba muy en uso en aquellos días, él recorrió como parte de su expiación.
Don Juanito hizo gala de valor y pundonor en la batalla con los turcos otomanos. De un episodio de esta gesta proviene su nombre apelativo “el Manchado”. Resultase ser que en el fragor de la batalla resonaron dos arcabuces que hicieron blanco en el bulto de un tal Miguel, de apellido Cervantes, amigo íntimo de don Juanito. Éste habíase quitado la malla de cota del cuerpo para mejor poder maniobrar en la refriega, y sólo vestía la almilla. Presto corrió al lado de su amigo y lo encontró bañado en sangre. Trató de levantarlo tomando su mano izquierda, pero sólo se encontró con la extremidad en su propia mano.
Don Juanito corría por la galera de un lado a otro gritando por un médico y abrazando contra su pecho la mano del amigo caído. Pero nadie llegó a su lado. Viendo que a su entrañable hermano de armas se le escapaba la vida por la herida, el valiente Juanito se hincó a su lado y curó a su amigo cosiendo la mano en su lugar como otras cien veces había cosido las velas del navío. Esta hazaña, aunque no devolvió toda la movilidad del miembro a Cervantes, hizo famoso el nombre de don Juanito, quien a causa de las figuras dibujadas en la almilla que vestía, producto de su acto heroico, fue llamado desde entonces “don Juanito, el Manchado”. Desgraciadamente el tal Cervantes no pagó con moneda de igual valor el favor recibido. Años después publicó un manuscrito que robó a don Juanito, cambiando solamente el nombre, donde éste contaba la historia verídica de su padre, un tal Alonso Quijano.
Glosario.
Almilla. Especie de jubón, con mangas o sin ellas, ajustado al cuerpo. Jubón cerrado, escotado y con sólo medias mangas que no llegaban al codo; poníase debajo de la armadura.
Andanza.(De andar1).
1. f. Acción de recorrer diversos lugares considerada como azarosa.
2. f. Suerte, buena o mala.
3. f. andancio.
4. f. ant. Modo de andar.
5. f. pl. Vicisitudes, peripecias, trances.
Azaroso, sa.
1. adj. Que tiene en sí azar o desgracia.
2. adj. Turbado, temeroso.
Camino de Santiago (en gallego: Camiño de Santiago) es una ruta que recorren los peregrinos procedentes de España y de toda Europa para llegar a la ciudad de Santiago de Compostela, donde se veneran las reliquias del apóstol Santiago el Mayor. Durante toda la Edad Media fue muy concurrido, después fue ligeramente olvidado y en la época actual ha vuelto a tomar un gran auge.
Diáfano, na. (Del gr. διαφανής, transparente).
1. adj. Dicho de un cuerpo: Que deja pasar a su través la luz casi en su totalidad.
2. adj. claro (‖ limpio).
Entuerto. (Del lat. intortus).
1. m. Agravio que se hace a alguien.
2. m. pl. Dolores de vientre que suelen sobrevenir a las mujeres poco después de haber parido.
Fragor. (Del lat. fragor, -ōris).
1. m. Ruido estruendoso.
Gesta. (Del pl. n. lat. gesta, hechos señalados, hazañas).
1. f. Conjunto de hechos memorables.
Lepanto, batalla de. Tuvo lugar el 7 de octubre de 1571 en el golfo de Lepanto, frente a la ciudad de Naupacto (mal llamada Lepanto), situado entre el Peloponeso y Epiro, en la Grecia continental.
Peliagudo, da. (De pelo y agudo).
1. adj. Dicho de un animal: Que tiene el pelo largo y delgado, como el conejo, el cabrito, etc.
2. adj. coloq. Dicho de un negocio o de otra cosa: Difícil de resolver o entender.
3. adj. coloq. Dicho de una persona: Sutil o mañosa.
Pundonor. 1. m. Estado en que la gente cree que consiste la honra, el honor o el crédito de alguien.
viernes 17 de julio de 2009
Estamos aquí de pie entre vosotros
… ¿Por qué al ser humano le conforma tanta, tanta mierda en la cabeza? …
En Teatromancia, como en las otras compañías en las que tengo la oportunidad de trabajar, buscamos reconciliarnos con nuestra condición humana, con todo lo que ello implica, siendo y haciendo teatro. Nuestra invitación, pues, está abierta a todos aquéllos que estén deseosos de explorar la profundidad de su esencia como seres humanos, y de encontrar un nuevo sentido de vida en la búsqueda colectiva de la belleza que las artes escénicas poseen. ¿Aceptáis la invitación?
jueves 16 de julio de 2009
Desde acá...
miércoles 15 de julio de 2009
Expectativas
William Shakespeare
El mundo es un teatro, pero tiene un reparto deplorable.
Oscar Wilde
La pregunta es, ¿responderá mi necesidad por hacer teatro a mis impulsos obsesivos? La realidad tiene un sinsabor que es sabor a la vez: es impredecible. El teatro, en cambio, está cuidadosamente planeado. Desde luego que, en tanto se inserta en la realidad, tiene su índice de impredictibilidad que lo hace sabrosón y al que le debemos hechos tan interesantes como la legendaria (quién sabe si cierta) muerte de Moliere, la retirada del teatro de un actor en la peli Martín H, y la famosa cita de “¡Cantinero!” cuando un servidor, actuando al Duque de Clarence en Ricardo III, tenía que llamar al carcelero y equivocó el vocablo por uno que le era más afín. Pero vuelvo al punto: ¿será que los teatreros somos obsesivos de closet (yo sin closet) buscando controlar y predecir conforme a libreto una parte de la vida? ¿Eliminar la angustia existencial del espacio para la improvisación?
Digo, mi caso es muy claro: soy un idealista. En tanto lo soy, suelo esperar de la vida y de mis acciones consecuencias muy distintas de las que recibo. Creo en la gente con candidez (algunos dicen que es estupidez) y creo que las cosas se resuelven con hablarlas abierta y amorosamente, porque todos lo seres humanos se muestran amor, ¿no es así? Ya ven de dónde tanta angustia. No quise creerle a aquél egregio y medio griego maestro de la secundaria que nos decía en inglés que “la vida es un sandwich de mierda y cada día comemos menos pan.”
Por eso disfruto tanto una comedia: la mierda es poca y el pan trae ajonjolí. Los personajes no son seres humanos y, por lo tanto, no traicionan mis expectativas. El teatro es menos deplorable que la vida. Incluso si fuese una tragedia: lo que se espera se cumple. ¿No es lindo? ¡Que si un día ese Hamlet se mata a medio monólogo o ese Segismundo es pura dulzura al ser liberado, me retiro del teatro!
lunes 13 de julio de 2009
Por el segundo
sábado 11 de julio de 2009
Preparen, apunten, fuego
viernes 10 de julio de 2009
¿Teatro, para qué?
¿Vale la pena no quedarse dormida en cama todo el fin de semana, viendo la televisión? ¿Vale la pena cruzar toda la ciudad en metro para dos horas maltrechas de ensayo? ¿Vale la pena salir corriendo de ahí a otro ensayo, quizás todavía más maltrecho? ¿Vale la pena perderse todas las fiestas familiares y sólo enterarte de que un fin de semana la abuela falleció y ni compartiste sus últimos días porque estabas en ensayo? ¿En verdad, lo vale…?
Sí, sencillamente porque un buen día descubrí que siendo teatrera daba lo mejor de mí misma a mí y al mundo.
Sí, porque en el teatro descubro mi verdad más profunda.
Sí, por encontrar en el teatro una de las formas más sublimes que tiene el hombre de verse en el otro.
Sí, porque haciendo teatro descubro lo que soy y gozo de la revelación de lo que quiero llegar a ser y porque creo que sólo así, mediante el autoconocimiento, el hombre alcanza su verdad más profunda y ésta es el único camino hacia la verdadera libertad.
Y sí, porque si no lo hago, simplemente no soy, no estoy, no existo… por eso lo vale…
El ingenioso hidalgo don Juanito, el Manchado
En un lugar Del Valle de cuyo nombre no quiero acordarme, pero llamado como un pío benefactor, se encontraba caminando por un polvoriento camino un hidalgo caballero. Un hidalgo de gotera (por vivir en La Villa y ser desconocido fuera de ella) que vestía con elegante camiseta pirata, que compró a los salvajes caribes, en vez de jubón. Usaba zapatillas deportivas, que los profanos llaman tenis, sin calzas, pero si con elegantes calcetines azules, como un nativo de la capital vacacionando en el puerto de la bahía de Santa Lucía (Acapulco, dirán los criollos). Sus ajustados pantalones de pana, sin cuchilladas, dejaban ver esas carnes abultadas que hacían desfallecer a las mozas del pueblo. Su mirada límpida recorre el horizonte, su cabellera como de camelote de aguas permanece impasible. Tal vez por esa cabellera legendaria le apodaban en la corte “Caballero de Chinchillas”.
El hidalgo caballero, don Juan, camina con donaire, se dirige a la posada de don Etienne de la Cruz, noble caballero de rancio queso (su abolengo todavía estaba bueno... en esos tiempos), quien dirigirá el tono de los versos del hidalgo amigo de Tirso y de Lope.
Este don Etienne hacía vida marital con doña Liliana Paredes; (de las Paredes que no oyen, pero como escandalizan) reconocida por su belleza y contrastante personalidad, fiera como la del gran Moro. Ambos habían adoptado hacia años a un pequeño enfermizo, a quien llamaron “Yamil de Jesús”, a pesar de que la Santa Inquisición pudiera haberlos quemado en leña verde por usar un nombre tan fuera del cristianismo. El pequeño Yamil de Jesús sufría muchos males. Todos los galenos que lo habían tratado no habían podido curarlo de sus achaques, a pesar de haberlo sometido a rutinarias sangrías, a extenuantes purgas y a olorosos cataplasmas.
Al llegar a la posada y mientras esperaba a don Etienne, don Juan pidió beber un poco de vino; pues como era muy virtuoso (salvo por horribles gustos que adquirió en su viaje a Sodoma, durante las cruzadas) sólo bebía por sed. Al fondo del salón hundido en el hedor del serrano jamón, vio a una hermosa gitana que le quitó el aliento. Su nombre, por no ser conversa, era Zohar. Los pingües muslos de la infiel hicieron ruborizar a don Juan. Ni siquiera los vastos encantos de la amiga de Zohar, Julia “la bailaora”, hicieron mella en la recién nacida devoción de don Juan; quien desde ese momento profesaría por siempre un total sometimiento al maravilloso “esplendor” que emanaba la mujer nómada (...) (Zohar, en lengua de los judíos, significa “libro del esplendor”)
Glosario.
Calzas. Prenda de vestir que, según los tiempos, cubría ciñéndolos, el muslo y la pierna o bien, en forma holgada, sólo el muslo o la mayor parte de él.
Camelote 1. (Del fr. ant. camelot, var. dialect. de chamelot, y este del fr. ant. chamel, camello, porque se hacía con pelos de camello).
1. m. Tejido fuerte e impermeable, generalmente de lana.
~ de aguas.
1. m. El prensado y lustroso.
Caribe. 1. adj. Se dice del individuo de un pueblo que en otro tiempo dominó una parte de las Antillas y se extendió por el norte de América del Sur. U. t. c. s.
2. adj. Perteneciente o relativo a este pueblo.
Cataplasma. (Del lat. cataplasma, y este del gr. κατάπλασμα).
1. f. Tópico de consistencia blanda, que se aplica para varios efectos medicinales, y más particularmente el que es calmante o emoliente.
Cuchilladas. Aberturas que se hacían en los vestidos para que por ellas se viese otra tela de distinto color u otra prenda lujosa.
Hidalgo, ga. (De fidalgo).
1. adj. Perteneciente o relativo a un hidalgo.
2. adj. Dicho de una persona: De ánimo generoso y noble.
3. adj. Perteneciente o relativo a esta persona.
4. m. y f. Persona que por su sangre es de una clase noble y distinguida.
Hidalgo de gotera. 1. m. El que únicamente en un pueblo gozaba de los privilegios de su hidalguía, de tal manera que los perdía al mudar su domicilio.
Jubón. (Del aum. de juba).
1. m. Vestidura que cubría desde los hombros hasta la cintura, ceñida y ajustada al cuerpo.
Límpido, da. (Del lat. limpĭdus).
1. adj. poét. Limpio, terso, puro, sin mancha.
Pío, a. (Del lat. pius).
1. adj. Devoto, inclinado a la piedad, dado al culto de la religión y a las cosas pertenecientes al servicio de Dios y de los santos.
2. adj. Benigno, blando, misericordioso, compasivo.
Rancio, cia. (Del lat. rancĭdus).
1. adj. Se dice del vino y de los comestibles grasientos que con el tiempo adquieren sabor y olor más fuertes, mejorándose o echándose a perder.
2. adj. Se dice de las cosas antiguas y de las personas apegadas a ellas. Rancia estirpe. Filósofo rancio.
jueves 9 de julio de 2009
Desventuras del Hipo
que porta en el inconsciente una serie de carencias afectivas, originadas por lo común en la etapa anal, y que proyecta dicha indefensión estructural de la personalidad en las medicinas, los achaques, los doctores y los gastos monetarios que todo lo anterior demanda. Alguien que necesita atención y apapacho y encuentra en sentirse enfermo una buena manera satisfacer esa necesidad, pa acabar pronto. En Teatromancia tenemos uno, por eso es que describo también los síntomas, porque ya he probado sus manifestaciones. Miren ustedes, una vez, saliendo de un ensayo en el antiguo departamento de nuestro honorable director, tuvimos la admirable idea de aceptarle un aventón a Yamil al metro. Bueno, fue peor que ir en el barco de Ulises cuando se enfrentó a Escila y Caribdis: a media cuadra ya sentía retortijones, aceleraba frenéticamente en busca de una de las farmacias que tienen su foto de cliente distinguido en el pecho de la botarga, solicitó permiso para entrar al baño, le fue negado con evasivas reiteradas, enfureció de indignación (tomado en cuenta el hecho de que dichos establecimientos prosperan, en buena medida, gracias a él), se subió al coche (que le acababan de regalar) con celeridad y terminó arrancándole la afasia al estrellarse contra una camioneta en el estacionamiento. Nosotros nos bajamos en la siguiente esquina, fascinados de ver cuánta calamidad se había sucedido en tan poco tiempo y deseando que Yamil no defecara sus vestiduras nuevas por incontinencia.
Lo de hoy sí fue el colmo. Ya antes me habían plantado: mujeres espectaculares que argüían alguna cita de trabajo repentina o el cumpleaños de su mamá o algo por el estilo. Pero que este sinvergüenza, Woody Allen versión de la del Valle, Chilinsky endulcorado, me vuelva a plantar, ¡y por una endoscopia urgente! Invoco a los dioses de la hospitalidad, a mis manes sagrados, a los penates vengadores para que este manojo de achaques virtuales empiece a vivir algo verdadero.
Mañana repondremos el encuentro, eso si antes de llegar al lugar acordado no le da un ataque de peste negra, o mal de pezuña de alce resfriado, o hidropesía de los altiplanos que una vez fueron montañas submarinas, o intoxicación por esporas de mariposa con asma o vayan ustedes a saber qué…
Ignorante
El cierre de año escolar ha sido demencial y no me ha dejado tiempo para estudiar la obra, pero si todo va bien, ya mañana me baja la chamba y sólo iré al Green sobre entrevista, lo cual quiere decir que, si hago las cosas bien, podré sacar adelante mi parte proporcional de No hay burlas mejor de lo esperado. Casi puedo asegurar lo mismo de mis amigos que dan clases en prepa: éste es el mejor momento. Ya les comentaré lo que pase mañana en ensayo…
Sobre la dramaturgia: la obra sigue LARGA y Juan y yo debemos decidir qué partes “le sobraron” a Calderón… está difícil. Siempre que quiero proponer un corte encuentro una razón para no hacerlo. O decido que valdría la pena cortar… una línea solamente. De línea en línea no puedo adaptar la obra completa, así que confiaré en el buen criterio de mi amigo Juanito que me dirá “córtale aquí” o “es mucho rollo acá” aún cuando sepa que él mismo no está convencido y sufre de dolores estomacales al cortar una pieza maestra del maestro español. Es demasiada maestría, ché, y no nos cabe en la hora y media que queremos que la obra dure. Por suerte, mi compinche de dramaturgia es bueno para el octosílabo y a veces logra reducir tiradas de veinte líneas a 5 o 10… ¿Qué haríamos sin el Calepino?
Como administrador, vamos bien… ¡pero cómo es caro producir teatro! Y luego, no importa qué precio le pones a la obra, o si la dejas casi gratis, mucha gente sigue creyendo que es más barato el cine… ¡y tú aquí, dando tu esfuerzo y resignándote a que no se recupere la inversión! Espero que en No hay burlas no sea así.
Como actor… ando desafanado, pero traigo ganas de volver a echarle galleta. Me gusta mi personaje (no era así al principio) y quiero sacarlo bien. Sé que no es el papel más espectacular y que no me van a dar el premio de la crítica (a menos que sea la crítica de los amigos), pero sí está bien padre. Y el grupo de trabajo me gusta mucho.
Espero no haber delirado demasiado… es tarde y debo dormir…
viernes 3 de julio de 2009
Una linda ronca voz
Reflexionando
Sin embargo me dieron ganas de escribir estas líneas pues vengo con inquietud teatrera ya que hoy he terminado mi curso de teatro con el maestro Lucio Ernesto Herrera Porfirio. No sé si alguno de los lectores de este enlace cibernético conozca el trabajo de este argentino naturalizado mexicano, con unas entradas amplias en la frente (que ya le anda dando un llegue a Etienne), mirada llena de bonhomía y un corazón generoso); pero resulta que nos dio un curso de “Herramientas escénicas para profesores de teatro” y fue todo un viaje. Un sabroso viaje donde me reencontré con el trabajo teatral corporal, del que había estado alejado por un rato.
Este don Lucio nos compartió unas técnicas de integración muy ricas, algo de su conocimiento de improvisación y otro tanto de Contact Impro, técnica totalmente desconocida para éste que escribe. Son trabajos donde se busca el disfrute del juego teatral, la lucidez y el conocimiento del otro. Hubo muchos nexos con el tipo de trabajo que a mi me gusta. Tal vez en otro momento les cuente de que trata eso; lo que les quiero compartir ahora es que me doy cuenta de que si es mucho lo que siento que nos falta en ese aspecto en nuestra producción.
No es que sienta que no hayamos trabajado, porque vaya que si Etiengo nos explota y le hemos puesto empeño; sino que me parece que en nuestro proceso, (no sé si por la falta de más tiempo, o por el tipo de obra y acercamiento que escogimos o simplemente porque aunque nos conocemos bien, teatralmente no tanto, porque venimos de muy diferentes experiencias, geografías de conocimientos y de preparaciones variadas) siento que nos falta encontrar la fórmula para que fluya siempre esa vivacidad y vida que se ha dado en momentos, pero que se nos escapa, que llega a parecer accidental. La cosa es que esta experiencia me da en qué pensar y en buscar espacio para aplicar a mi propio papel, en el cual me he encontrado particularmente extraviado en el brete de conjugar lo formal (del verso, por ejemplo) y la parte orgánica. En fin… cosas para pensar y problematizar y, espero, para tener más espacio para buscarle.
Gracias por su atención (si hay alguien ahí, ¿verdad?) a mis confusas inquietudes. Nos leemos aquí y nos vemos en el estreno.
jueves 2 de julio de 2009
Rumbo al estreno 2
miércoles 1 de julio de 2009
Rumbo al estreno 1
La tradición de la comedia
Algunos dirán, está Woody Allen… pero las cosas que hace ese señor no son necesariamente comedias (dejando de lado sus amargas pseudotragedias como Interiores o Matchpoint). A veces creemos que así es porque nos hacen reír, pero sus finales “anticomediográficos” (Annie Hall, Celebrity) no contribuyen. Claro, siempre tendremos la linda Maldición del escorpión de jade, que clasifica como comedia con todas las de la ley. ¿Y en cine hollywoodense (si digo comercial, algunos me pegan)? Me gusta el giro de Una noche en el museo II, con una especie de dama duende calderoniana (la mujer atrevida que conquista, que en este caso hace statement tanto feminista como nacionalista… un lujo de gringuismo más o menos fino). Pero hoy los temas son tantos que no todo lo que vemos bajo el título de comedia termina en beso. ¿Entonces cuáles son las herederas reales de la tradición comediográfica? ¡Las chick flicks! ¡Mamma Mia! ¡Loco por Mary! Que quede claro que esta herencia no implica ni calidad ni ausencia de ella. Como en todo, hay maravillas y calamidades. Otra variante interesante es Up!, la historia de amor de un viejo sin niños y un niño con padre ausente (muy contemporáneo).
¿Qué sacamos de los griegos? Por ejemplo, el criado: Moscatel en No hay burlas con el amor, Lumiere en La bella y la bestia y otras caricaturas. También la jovencita que busca amor: Leonor en No hay burlas, Kate Winslet y Cameron Diaz en El descanso (linda peli). ¿De comedia del arte? El después llamado viejo grave: Robert De Niro en Meet the Parents, Don Pedro en No hay burlas. ¿De los Siglos de Oro? El amigo desmadroso “bachiller mal entretenido y chocarrero” (Calderón): Algernon en La importancia de llamarse Ernesto, el amigo de Ashton Kutcher en What Happens in Vegas, Alonso como galán en No hay burlas.
En resumen: si bien hay referentes que hemos perdido por el paso del tiempo, el teatro de los Siglos de Oro, como el shakespeareano (piensen en El rey león o Ten Things I Hate about You), sigue siendo vigente en sus tramas, sus esquemas, sus estratagemas, su diversión. Sí, estamos montando una comedia chick flick del siglo XVII… Y todo parece indicar que la fórmula casi garantiza una cosa o dos…
