lunes 29 de junio de 2009

Más detalles de la producción


Queda con ustedes la viva imagen de nuestro simiésco Don Alonso. ¿Se le ve lindo el paraguas o qué? Por el momento el flamante director de "No hay burlas con el amor" se toma unas merecidas vacaciones en compañía de una de las actrices y deja a los lectores de Teatromancia en manos del los socios fundadores. Espero que cumplan con la tarea de mantener al respetable dignamente entretenido. Esta semana también, el comité de dramaturgia (Calepino y Áureo Galán) estarán encargados de terminar el trabajo de adaptación de la tercera jornada. ¿Creen ustedes que podamos confiar en ellos para que cumplan en tiempo y forma? En fin, que regresando, a darle duro tercer acto que el público está impaciente.

jueves 25 de junio de 2009

Los dilemas de la producción o Seis personajes en busca de sillón

La producción teatral es una profesión ingrata. A los actores se les aplaude de pie (sobretodo con nuestro excesivamente permisible público, que se para hasta en el monólogo de Ernesto Laguardia, me consta); al director se le entrevista y se puede llevar a las sexis actrices a cenar. Pero, ¿alguien piensa en el pobre que tardó tres horas llamando a diferentes empresas buscando un jarrón de azúcar, sin éxito alguno? ¿Alguien dice “caray, la texturización de la pared fue perfecta, se podía leer la historia familiar de todos los ancestros de la Señorita Julia (la de Strindberg, no la de nuestra cabaretera consentida) en esa mampara”? No, claro que no.

Tócame esta (no es albur) laboriosa actividad en nuestra joven compañía. Y empiezan los vericuetos, dado que la producción teatral implica varios problemas: conseguir las cosas que la calenturienta imaginación del director exige; hablar y arreglarse con los trabajadores que realizarán el trabajo de carpintería, pintura u otros, quienes no siempre tienen la misma noción de calendario que el cliente (algunos al parecer se siguen rigiendo por el egipcio de la cuarta dinastía) o afirman haber entendido claramente el diseño y acaban entregando una especie de alebríje teporocho rococó. En otros casos han de elaborarse personalmente otras cosas que simplemente no se encuentran o que no existen en este plano de existencia mas que en la, tres veces, calenturienta imaginación del director. Eso sin contar la reparación de las que rompen los ágiles actores de capacidades diferentes, como Yamil.

Supongo que el sabio Etienne me asignó este rol a sabiendas que puedo hacer las cosas con un presupuesto limitado y que, como buen alumno de filosofía y letras, me dedico a resolver; ya sea en condiciones adversas o con comodidades. Y pruebas hay, ya que le consta que puedo hacer una muy convincente pared de ladrillos con platos de unicel (aunque en el proceso le vió cara de teclado monumental) o resolver una linda escenografía de cuento con siete fieltros de colores.

Sin embargo, nuestro tiránico director se ha ensañado esta vez. Claro, no bastó con pedir unos miriñaques para ensayar. ¿Dónde demonios compran esos artilugios las quinceañeras para sus vestidotes de pastel de La Esperanza? Pues vámonos al centro. Obvio (como dicen mis alumnas fresas) los quería para el sábado, así que hay que dejar el coche en Viaducto y viajar en la limo naranja, porque la falta de tránsito no coopera. Tenía años que no me subía al metro... y no lo digo con pedantería, sino con añoranza, ya que pasé años de la carrera viajando en él hasta el Teatro Legaria y de regreso. O al Foro de la Comedia, donde hacíamos la Cenicienta, (aclaro para que el respetable lector no piense que salía en “El calor de los hombres” u otra de esas delicadas piezas gays que tanto disfruta Yamil) donde conocí a la linda Blanca Ireri (hermana de Dulce María, la de RBD) y a quien, por cierto, un día le enseñé a usar los torniquetes para los boletos (veníamos platicando y de pronto me vi hablando solo y al voltear la veo con el boleto en la mano y tratando de entender donde se metía). Así que, aunque Juanito que vive muy lejos y sufre por ello, no es el único que viaja en metro, me puse a imaginar mientras viajaba en qué estación encontraría mi santo grial de alambre y gasa. Total que me bajo en el centro y busco los famosos miriñaques, primero siguiendo a una púbera que carga uno, pero la ingrata va a meterse a la estación, pues ella ya cumplió su cometido. Tres vueltas a la manzana y dos caballazos de diableros después, me entero que los venden atrás de Palacio Nacional, por si a alguien se le ofrece un día.

Luego, ¿por qué no?, el director pide una ventana de una medida. Bien, no hay problema. Pero resulta que no se contempló que había de caber por ahí una sombrilla abierta y un simio tosco (Juan Carlos) al mismo tiempo. Pues a volver a medir. Luego, la joya de la corona. El voluble director deja de lado la idea original de un mueble multiusos que resuelva los diferentes espacios de la obra y pide un sillón monumental. Ora pues joven, se lo mando hacer y queda acá, bien chipocles, yo le manejo la cosa de la madereada y demás. Pero no será cosa fácil. No lo quiere mandar hacer. Resulta que el indigno un día se pasea por Plaza Universidad con su guapa hermana y entra a famosa zapatería. Y el joven (ejem) director sufre una apoteosis precoz: un sillón individual enorme, rojo pasión del bosque, el cual decide que quiere. Joróbese el de la producción.

Así pues, la tarea es ir a conseguir un sillón, a un lugar donde no venden muebles, sino zapatos. Y no una zapatería de barrio donde se puede hablar con el dueño, sino una empresa donde es necesario buscar al representante de relaciones públicas para explicarle que queremos nos dé un sillón de una de sus sucursales, donde no venden sillones, sino zapatos. Y al decir queremos no me refiero, señor representante de la empresa vendedora de zapatos, a comprarle el sillón, además lo queremos en donación; porque somos una compañía naciente... pero le podemos dar espacio de publicidad en nuestros programas de mano... Cuando estrenemos, porque por ahora no tenemos terminada la obra... ni teatro... ni programas de mano donde poner su publicidad que dirá “Sillón aportado por Zapatería Tal” junto al otro anuncio “Zapatos aportados por mueblerías Tres Hermanos”. ¡Anímese señor representante de la empresa vendedora de zapatos, le requete conviene!

Dado que el plan original no me acaba de convencer, adjunto foto del sillón por si alguien lo ve, le pido lo informe a la página http://www.necesitosillónrojo.com/

P.D. Nótese la cara de emoción del director, la seguridad que tiene de que le voy a conseguir el mentado sillón. Por favor, no le maten la ilusión, ayúdennos a robárnoslo.


martes 23 de junio de 2009

Vestuario

“¿Ya te viste?” Fuera de ser un más o menos efectivo eslogan publicitario, esta frase cifra mucho de lo que le pasa a un actor. Primero, porque imaginarse, “verse” sobre el escenario es quizá su primera y fundamental motivación. El actor se imagina a sí mismo conmoviendo al público de la misma manera en que algún actor, alguna actriz lo ha conmocionado a él o ella. Es un momento heroico, triunfal, hermoso.
Cuando empieza a trabajar su personaje, el actor intenta visualizarse a sí mismo como alguien más: la persona que tiene que ser en la historia que recibe del dramaturgo. ¿Cómo soy? ¿Cómo me veo? ¿Cómo me paro? ¿Cómo camino? ¿Cómo me muevo? Y así, se plantea un sinfín de preguntas que va respondiendo con su proceso. Digo, además de las preguntas sobre el interior del personaje y sus motivaciones.
Además, el actor infiere del trabajo de diseño. Por ejemplo, del trabajo de escenógrafo. Busca en esos colores, en esos espacios, texturas, líneas, un tono que se integre, que haga que su personaje pertenezca al mismo mundo de esa propuesta visual.
Supongo que ahora queda clara la importancia que tiene el vestuario para el actor. Si no fue el vano invitar a cenar al director unas salchichitas Frankfurt con gruyere y unas carnitas frías: tuvo grandes ganancias. Ahora veo el dibujo (véase más abajo) y sé cómo me veo, cómo me perciben los demás. Se decidió que ya no llevo lentes (ya fui a por los de contacto), que llevo un candado arcaicón (ya me lo dejaré… será la burla de mis alumnos), que me peinaré de ralla en medio y que usaré esa camisita que debo comprarme en alguna tienda para gays extravagantes (o para ochentenos fans de Locomía, todo esto sea dicho con pleno respeto al gusto de los gays extravagantes y pleno espíritu hilarante al pensar en Locomía). El sombrerito LO AMO. Ya le dije a Etienne que ese me lo quedo (¡qué raro!). Y a ver de dónde saco los pantalones de montar y las botas… El punto es, y sé que puedo sonar exagerado, pero también sé que a nadie extrañaría, que sí me dice mucho sobre quién soy verme dibujado. Ahora pienso, por ejemplo, en las posiciones del sombrerito, para que se vea coqueto y no me caiga sobre la cara la sombra provocada por las luces del teatro.
Como que cada vez siento al personaje más vivo… ¡me gusta!

lunes 22 de junio de 2009

Proyecto de un galán áureo

Vestuario de Don Juan para No hay burlas con el amor
Como a Yamil le salió muy caro invitarme a cenar para regañarme por no haberme apurado más con el diseño de esta obra, me pareció justo que el siguiente diseño de vestuario fuera el suyo. Los teatromancios vieron, el sábado pasado los preliminares y se veían satisfechos. También está listo lo que Don Alonso llevará puesto, pero valía la pena dosificar las emociones. Debe saber el respetable que, también el sábado, quedó recién trazado el segundo acto completito. Amor de director cuervo, podrán decir ustedes, pero quedó de lo más lindo.

sábado 20 de junio de 2009

¿Y para qué?

Deudas, violencia, masacres, pobreza, guerra, polución: podredumbre por todas partes; sociedad de consumo: ególatra, materialista, segregadora y desigual, muy muy desigual. Seres humanos que fundamentan lo que son en una imagen construida a partir de cánones que la misma sociedad les impone y que sustentan su identidad desde la mentira que ese mundo les exige construir. Universo donde todos juegan a ser algo que no son en realidad, personajes que temen ser quienes realmente son. Tiempo y espacio en los que, para sobrevivir, parece que no queda más salida que entrar al juego del fingimiento y del engaño.
Autoridades que, con tal de ejercer su poder, patentarlo y perpetuarlo, hacen lo que sea, pasan por encima de quien sea necesario, sin importar el perjuicio que esto implique: aquí los engaños no son sólo permisibles, sino necesarios; aquí todas las tretas, todas las artimañas se valen. Aquí el pueblo farsante se pone en manos de un gobernante igualmente embaucador, hecho a la medida de sus intereses y de sus necesidades.
A esto se le se suma un grupo de ¿jóvenes? o de artistas o de creadores o simplemente de humanos que pretenden, eso dicen, hacer teatro.
¿Y para qué... para qué?
Para permanecer vivos… al menos esa es la respuesta que esta noche, más aciaga que otras, me impongo: para no morirte de la angustia de no ser, Zohar, para que tu corazón siga palpitando con la confianza y la convicción de que eres congruente con tu llamado más profundo, para no volverte un autómata de corbata y traje gris, para no venderte a este sistema que hace todo lo posible, día a día, para que no crezcas, para que no ames, para que no trasciendas nunca… para eso, no lo olvides, estás aquí haciendo y siendo teatro.

jueves 18 de junio de 2009

La obra de hoy

¿De qué escribir el día de hoy? Querer incendiar el universo y no poder hacer arder ni una palabra. Eso, o algo parecido, dijo Cioran. ¿Ya lo leyeron? A todos los que se han sentido desesperados en este mundo que constantemente apesta a sinsentido, a gloria frita y requemada en el aceite absurdo, a vagón de metro embutido de cansancio y de calor, chistorra amarga de rictus de voy pero no quiero ir a ningún lado, se los recomiendo ampliamente. Es liberador leer las palabras de un hombre que podía vestirse su miseria sin suavizante de telas: que aceptaba la aspereza y el olor acre del tejido de la vida en crudo, antes de que lo almidonen o lo llenen de encaje nuestras aparatosas pretensiones. Una sana dosis de desesperanza, de violenta honestidad siempre acomoda las cosas. Hoy más que nunca nos hace falta vivir de frente a nuestra desgracia si es que algún día, en serio, queremos algo distinto: ser otros. En Teatromancia, de algún modo, observamos esa liturgia. Amistad creciente, teatro en expansión, búsqueda de lo otro. Las fronteras vuelven a levantarse; los diques se cierran. Por eso cada encuentro, cada ensayo, cada intercambio nos trae uno nuevo afán de pasaportes, de jugar a ser río fluyendo. Nos burlamos de lo que somos, de lo que no hemos podido ser, de lo que todavía no renunciamos a ser. Es un buen modo de reinventarse, por poco que dure. Ojalá puedan verlo cuando subamos a escena. Ojalá, por el bien de ustedes y de nosotros, logremos juntos convocar a esa fuerza desnuda. Salir reabiertos a la vida, como si no supiéramos.

miércoles 17 de junio de 2009

Trailer de No hay burlas con el amor

VOZ: La historia de dos hombres nobles... IMAGEN: Juan parado como chango y Yamil como mayate. Se les ve discutiendo acaloradamente.
VOZ: Y uno no tanto… IMAGEN: Iván se arrastra por el piso.
VOZ: Dos hermanas enemigas… IMAGEN: Zo leyendo y Julia arreglándose el vestido.
VOZ: Una alcahueta... IMAGEN: Liliana echada en el sillón.
VOZ: Y un padre celoso. IMAGEN: Montes grita… ¡que raro!
VOZ: Los otros... IMAGEN: Omar toce mientras Emiliano toca la flauta.
VOZ: Y los estos… IMAGEN: Juan arrodillado frente a Zohar, Yamil frente a Julia.
VOZ: El amor… IMAGEN: Lily suspira, Juan escupe, Iván le ve el tracero a Lily.
VOZ: Y los celos… IMAGEN: Todos, por turnos, hacen aspavientos.
VOZ: Y es que no han comprendido que… ¡no hay burlas con el amor! IMAGEN: Telón.
(Carajo, lo que es no tener idea de qué escribir en el blog.)

martes 16 de junio de 2009

Diccionario español-teatromancio, teatromancio-español VI

Sencilla es la palabra de la verdad. Séneca


Por órdenes de nuestro temerario director, quién ha dado en indicarme que es preferible la brevedad en estas entradas, escribiré hoy una corta participación, la cuál versará sobre la literatura breve.

Viene al caso el tema en esta página, amiga del buen Calderón, porque fue precisamente otro autor del Siglo de oro, Baltasar Gracián, quien escribió la sabia frase “Lo bueno, si breve, dos veces bueno”. Una enseñanza que le pudo haber venido de perlas a la retórica Beatriz y a Juanito, el Calepino de la Villa (también conocido en los bajos fondos gorkianos como "Chinchilla").

Podríamos decir que la literatura breve está integrada por formas como las sentencias, apólogos, aforismos, cuentos, poesía, teatro y otras más posmodernas como la llamada mini ficción ó literatura minimalista. No olvidemos el abrevadero de la cultura popular. Su poder radica en poder ejercer un fuerte impacto emotivo o intelectual (o ambos) con los mínimos elementos. Las mas de las veces son detonantes de la imaginación. A veces estos concentrados de belleza no son una unidad en si en su origen, sino un fragmento de un ensayo o novela o poema que adquiere vida propia y va al mundo con total independencia.

En el ámbito del cuento podemos citar el emblemático “El dinosaurio” de don Augusto Monterroso (QEPD), que me he dado a la titánica labor de transcribir completito:

El dinosaurio.

Y cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba ahí.

Mas moderno y mucho menos conocido es el cuento “Fantasma” de Guillermo Samperio, de su libro "Cuaderno imaginario" del año 1989. Va el texto íntegro.

Fantasma


































(Ya se acabó, por si andan despistados) En una yahooesca página, donde un usuario preguntaba por el cuento más corto que se hubiera escrito, encontré entre las respuestas el recuerdo de un chiste muy a propósito: La maestra de Pepito puso una tarea a sus alumnos; escribir una historia que tuviera elementos de religión, monarquía, sexo y misterio (seguro que la susodicha maestra dejó esta extraña tarea ya que, como Juan Carlos, tenía mucho que calificar y no había podido hacerlo pues vivía hasta la Villa y como trabajaba en la del Valle, pues sufría mucho y se le juntó el trabajo, como a Juan Carlos). Total que los alumnos se pusieron a trabajar (no como Juan Carlos, quien sigue sufriendo porque no le plancha su mami y vive muy lejos). A los dos minutos Pepito se puso a jugar y la maestra lo regañó.

-¡Pepito, ponte a trabajar!
-Pero yo ya acabé maestra.
-¿Cómo vas a terminar tan pronto? Déjame ver.

La maestra tomó el cuaderno de Pepito, lo revisó, y a regañadientes tuvo que dejarlo salir. Pepito salió corriendo muy contento a jugar al patio, mientras la maestra releía el cuento:

¡Dios mío! -exclamó la reina- estoy embarazada... ¡y no sé de quién!"

Otros ejemplos de literatura breve son los aforismos (Del lat. aphorismus, y este del gr. ἀφορισμός). Sentencia breve y doctrinal que se propone como regla en alguna ciencia o arte.

Va un aforismo excelente de don Efraín Huerta:

La ley: Todo
cabe
en un
poemínimo
sabiéndolo
acomodar.
Otro de Mariana Frenk-Westheim:

El suicidio es un acto cobarde para cuya ejecución se requiere gran valor.

Uno de Vicente Huidobro

Nada amo tanto como lo imprevisto. Una gitana en Budapest me leyó el porvenir en las líneas de la mano. Yo me eché vitriolo[i] y las borré.

Termino este, ya no tan breve, comentario invitando a nuestros queridos lectores para que se animen a compartirnos algún bonito ejemplo de arte breve. Como estos que ahora siguen:

Todo lo mío lo llevo conmigo” Séneca

La mentira es un triste sustituto de la verdad, pero es el único que se ha descubierto hasta ahora.” Elibert Hubbard

No hay cosa más ridícula y vana, que el amor a la fama” Sabe Dios de quién, pero me la enseñó el entrañable Alejandro Ortíz Bullé Goyri

Pero yo le he demostrado que un hombre sin esperanza, es un hombre sin miedo” Frank Miller, Daredevil: Born Again

Existen dos maneras de ser feliz en esta vida; una es hacerse el idiota, la otra, serlo” Sigmund Freud

Sólo hay dos cosas infinitas, el universo y la estupidez humana... y no estoy tan seguro de la primera” Albert Einstein

Es mejor tener la boca cerrada y parecer estúpido, que abrirla y dispersar la duda” Mark Twain

Muchas personas son lo bastante educadas como para no hablar con la boca llena, pero no les preocupa hacerlo con la cabeza vacía” Orson Welles

Disfruta el día hasta que un imbécil te lo arruine” Woody Allen

Y para no ser sexistas, dos flores de la sabiduría femenina:

El fumar te mata, y si te mueres, habrás perdido una parte muy importante de tu vida” Brooke Shields

Esa rastrera sinvergüenza merece ser muerta a patadas por un asno... Y yo soy justo la indicada para hacerlo” Claudia Schiffer, refiriéndose a Naomi Campbell

Saludos hartos.


[i] El vitriolo es ácido sulfúrico.

lunes 15 de junio de 2009

Google y la Teatromancia

Teatromancia.com se inventó para mantener a la compañía cerca del respetable público mexicano. La idea fue, desde su origen, que quien se adentrara en la lectura de los posts cotidianos, se adentrara también en la vida diaria y el quehacer de estos varios personajes en busca de un estreno. Me da gusto saber que poco a poco, los lectores se van sumando y que hay quien espera con ganas la primera presentación de "No hay burlas con el amor"
Como efecto secundario, han llegado a este modesto domicilio millones de visitantes que en sus infructuosos esfuerzos por obtener del duende del Google, respuesta a los inescrutables misterios de la vida, no han sino hallado una metáfora de ésta en forma de bitácora de vuelo. Hemos de alegrarnos ahora con la publicación de las 10 consultas más extrañas que han traído a irracionales pilotos de la web a caer en éste enjuto piélago (lo de irracional piloto y enjuto piélago es una alusión a nuestra amada Beatriz.)

1.- adios muchachos compañeros de mi escuela alumnos
2.- bestias apocalípticas
3.- ver obra de teatro muy chida de 4 chicas y que sea de 6 hojas o menos
4.- el zohar en español
5.- texto cientifico sobre la influenza que tenga palabras en sentido figurado
6.- hechizo para que se vaya una compañera del trabajo
7.- mujer se desnuda en fiesta
8.- poema para neuroticos
9.- profesor mucho sexo rico años 12 cole tatatá
10.- quiero ver tortas de fantasia para 15 años

Hay un premio especial esta semana, cortesía de Yamil Narchi, al primero que nos diga a qué artículos de teatromancia refieren las búsquedas. Algunas siguen siendo un misterio para su servidor.

sábado 13 de junio de 2009

Síndrome de abstinencia

Por dos lamentables razones, tuvimos que suspender los ensayos de esta semana. No puedo decir que tener el privilegio de pasar el sábado con Liliana sin estar trabajando, no me haya caído bien. Pero son pasadas las ocho y no hallo como quitarme las ganas de ver a los teatromancios, de hacer teatro, de buscar y encontrar agujas en pajares auriseculares. Tengo en una mano el libreto, y en la otra mi cuaderno de diagramas, (el que uso para trazar y esbozar diseños de producción), pero no se siente bien. Estoy tratando de concentrarme en otros aspectos de la puerta en escena (sic) pero me siento un poco sólo y ansioso. Espero con ansias la próxima semana.
Por cierto, sepa el respetable que cambiaremos a partir del lunes los días de publicación. El día de la luna, su servidor, el de Marte, Iván, Yamil los miércoles, los jueves Zohar, (que, aunque me la paso en pleito con ella, espero que esté bien y le mando todos mis abrazos de un tirón)y los viernes serán del hombre de la elocuencia escrita y la retorcida retórica.

viernes 12 de junio de 2009

LA DIVISION DEL NORTE

Pancho Villa vino del norte y, hasta donde sabemos, los aztecas también: antes de Pancho Villa, también hasta donde sabemos. Incluso la Virgen escogió el Tepeyac para manifestarse “desde el cielo una hermosa mañana”. ¿Antes o después de Pancho Villa? Bien pensado, estos preclaros antecedentes nos sugieren que de dicha región provienen nuestros verdaderos pastores de pueblos; que del norte han sido, son y serán los elegidos para la vanguardia del combate; que el mesías redentor de tan afligida estirpe como es la nuestra, si algún día aparece el cabrón, vendrá del norte. Si alguien duda de tan plausible profecía, Teatromancia es una prueba irrefutable: compuesta en su mayoría por sureños de rancio abolengo, de aristocrático linaje y de avinagrada solera, esta compañía es, salvo por la de pingües muslos y un servidor, un sistemático homenaje a la mariconería establecida. Me explico: sólo mi mujer y yo venimos del norte, a los demás todavía su mamá les lava la carita con agua y con jabón y vela hasta que recen sus oraciones antes de dormir. Si nosotros llegamos tarde por algún imprevisto a los ensayos imperativamente impuestos en el sur (cosa de tres o cuatro veces en ya varios meses de trabajo) somos censurados por los que se despertaron media hora antes de recibirnos y se nos reclama nuestra imprevisión: las únicas tres veces que los sureños fueron al norte llegaron una hora y media después de la cita con cara de haber hecho una osadía trasatlántica en sus cómodos autos y con mirada de “no vuelvo a hacerte este favor”. Si nosotros argumentamos nuestra sobrecarga de actividades y la poca disponibilidad de tiempo para resolver todos los quehaceres que se nos demandan, nos acusan de negligencia y de utilizar la ciudad y el proletariado como pretextos, pero los sureños que tienen quien les planche, quien les limpie, quien los despioje, quien los enjabone, quien los traslade, quien les rasque las espalda y quien les prepare el chocolate, tampoco son expeditos para resolver los suyos desde la comodidad de la Valle. En fin, cualquiera diría que el que habla es mi resentimiento social: puede ser, pero hay días en que agradezco haber sido educado, igual que mi mujer, en la cultura de la resistencia, del campo traviesa cotidiano: tenemos menos panza, menos herrumbre, menos colesterol y más sueños que hemos pagado por completo con nuestros propios medios.

Nuestra cabaretera consentida

Sensual, carismática, provocativa, risueña, guapa… y, sobre todo, alivianadísima, así es Julia. Sí, en efecto, la chica del anuncio de la gasolinera donde pondera que “estaríamos mejor con López Obrador”. Una mujer que llegó a mi vida gracias a una amiga que tenemos en común: la joven -y muy talentosa, por cierto- dramaturga Leonor Enríquez (homónimo del personaje que interpreta Julia, curioso ¿no?; mi Sensei diría “recuerda que en esta vida no hay casualidades Zójar, el encuentro se tenía que dar, ya estaba en el Plan y así es perfecto”). Resulta, pues, que Leonor nos invitó a realizar una lectura dramatizada de una de sus obras para la FLM. Ese día apareció ante mí una chica que sin ninguna clase de tapujos se puso a charlar conmigo; abierta, honesta, sencilla. Me habló de su pasión por el cabaret y de sus ganas, también, de experimentar con otra clase de teatro, quizás el clásico ¿por qué no? que, hasta entonces, ella no había hecho en forma.

La vi y me vi con ella en escena y dije, sí, ésta es nuestra Leonor. Dos semanas después la invité a Teatromancia y desde que llegó al primer ensayo sabatino para ver qué tal estaba la cosa, se adaptó, la sentí como en su casa; ese es un gran don de Julia: es tan auténtica, tan ella, tan sí misma, que dondequiera que esté se le siente bien, se le siente a gusto, se le percibe contenta (aunque tenga hueva o pesadez o cólico o esté aturdida por los problemas delegacionales o no haya dormido y muera por un café) se le siente serena, en su centro, como en estado zen, porque está consigo, ella ha hecho de sí misma su hogar y lo lleva consigo y es un hogar con estilo al que vale la pena atreverse a tocar y entrar y descubrir…

Recién la conozco, pero lo que me han dejado ver sus ojos me invita a conocerla más. Considero que éste fue un encuentro muy afortunado y me gustaría seguir compartiendo el escenario con ella, en lo que se pueda y se deje, no sólo con Teatromancia. Gracias por querer construir este proyecto junto con nosotros; gracias por decir sí, sin saber antes nada de nosotros; gracias por tu alegría y tu voluntad.

¡Ah, claro! y gracias, ante todo, por habernos mostrado a La Tetita y a la Tigresa del Oriente, gracias a ti sabemos hacia dónde no queremos nunca encaminarnos, ahora sabemos hacia qué lado no remar).

Triviamancia

Una pequeña trivia para nuestros seguidores. Adivinen a cuál de nuestros queridos amigos corresponde cada una de las siguientes descripciones. El ganador obtendrá dos boletos para nuestro estreno (pagados por Zohar):

1.- Esta pareja de amigos ha compartido aventuras desde hace años. Ambos son simpatiquísimos. Uno es de mediana estatura, como queriendo ser redondito, pero ya no tanto. El otro es alto, espigado y con un sanísimo color amarillento. El mas alto piensa que es muy inteligente, se pone medio neuras con las torpezas de su amigo. El redondito que tiene cara de babas lo sigue a donde quiera que vaya. Corren rumores de que son pareja, siempre andan muy juntitos a pesar de que pelean frecuentemente por sus diferentes puntos de vista. ¿Adivinan?

2.- Este personaje tiene una frondosa cabellera rizada, cuando se la deja suelta se le esponja como de palmera. A veces usa unas afeminadas bandas en la cabeza que le hacen sentirse Memo Ochoa región 6 (ya que Ochoa, en si, es un portero región 4). Le gusta presumir de su estruendosa voz, la engola al citar a los autores clásicos para hacerse notar. Aunque es culto y refinado, siempre es vencido por cosas muy burdas, como el uso básico de la computadora. ¿Ya saben quién es?

3.- Es un clásico de todos los tiempos. Está pachoncito y abrazable. Aunque ya trae varios años a cuestas, sigue endulzando nuestras vidas. Jamás nos cansaremos de las ricas cositas que nos da. Todas las niñas lo siguen por su rico sabor. Y lo mejor, muchos niños también. Se apellida Montes. ¿Se las dejé muy fácil, no?

Respuestas:

1.- ¿Cómo que Etienne y Yamil? No, por supuesto que no. Nos referimos a Beto y Enrique. No sé de dónde salió la confusión, dije claramente que eran simpatiquísimos. Además no corren rumores de que Etienne y Yamil sean pareja... aunque viven muy cerca.... Y siempre les gusta lo mismo... Y tiraban esgrima, fuman pipa, usan sandalias de plastico con pantalón, oxigenan los vinos con aparatos especiales y hacen muchas cosas muy viriles como esas...






2.- Es desde luego Bob Patiño... ¿Cómo? ¿Juan Carlos? No, para nada. Dijimos que era refinado y no mencionamos nada de romper muebles de baño. Supongo que Bob Patiño si sabe usar muy bien el dispensador de papel higiénico.










3.- ¡¡El osito Montes!! Nunca te olvidaremos querido osito.


jueves 11 de junio de 2009

Reflexiones de miércoles acerca del sábado y otros pensamientos afines

La Teatromancia es un arte difícil: no sólo cuesta predecir el futuro por medio del teatro, sino que cuesta incluso predecir el futuro del teatro. Después de haber conocido más o menos de cerca la quiromancia, la cartomancia y la cafetomancia, insisto en que no son tan complicadas. La Teatromancia sí. Si me pidieran que predijera el futuro de No hay burlas, pasaría un rato en silencio, repasando el proceso, los aciertos y los errores, pero sin duda aterrizaría mi reflexión sobre el sábado pasado. Hay momentos en que yo no sé qué coños pasa o qué hados conjuntan sus juicios y voluntades, pero ocurre el teatro. Así fue el sábado. Juan Carlos y Zohar canalizaron su enjundia pambolera y su gozo por los triunfos pumas. Iván y Julia venían ingeniosos, vivos, llenos de energía. Lily hallaba en escena todo lo que buscaba, dominando la materia prima como la recuerdo y admiro desde nuestros tiempos universitarios. Yo no venía muy despierto, la verdad, ya que el destino me había puesto alguna traba previa al ensayo, pero sí traía ganas de actuar. De los niños (Omar y Emiliano) ni se diga: ellos siempre están al tiro. Y como quien no quiere la cosa, No hay burlas se levantó y anduvo. Etienne señaló: “así se hace la comedia, jóvenes… ¡vengan de buenas!”
Así que mi entrada va por el mismo camino de las anteriores: la pasión, la alegría, el romance de hacer teatro. Eso que sentí a los 16 años cuando mis primeras improvisaciones hacían reír a mis compañeros y me ganaban, a mí que prácticamente huía de la gente, un mucho de autoestima, bastante apertura, y una buena reputación como posible actor en el futuro. Y ahora la gente se queja de que no los dejo en paz y de que no me callo jamás.
Supongo que no ha llegado el actor que dijeron mis maestros que sería. Tampoco sé si llegue alguna vez. Mis otras dos pasiones, la poesía y la docencia, toman mucha de la energía que me haría el actor que soñé ser (sobre todo la docencia), y no estoy dispuesto a abandonarlas. He cambiado de sueños, pero mi amor por el escenario no cambia. (Violines, por favor.)
He aquí una reflexión final y una invitación a mis compañeritos. La reflexión: de esto se hace Teatromancia. De puro amor al arte, a la escena, a representar en carne viva y frente a los vivos los conflictos y las maravillas del mundo. No es ésta mi historia, sino la de los teatromancios, casi uno por uno.
La invitación: que aquello que varíe en sus historias, lo compartan por acá. Estaría padre saber cómo los enganchó Papá Teatro.

viernes 5 de junio de 2009

Las penurias de los viernes

La semana empieza los sábados, no porque así no lo diga el calendario sino porque el sábado es el día en el que se reúne toda la Teatromancia y nos ponemos a hacerle al teatro. El sábado es el día fantástico en el que ocurren las cosas, en el que cae, al menos veinte veces, cada veinte, en el que al Madrid de "No hay burlas" le crecen las calles y las casas. Me gusta que llegar al sábado no sea llegar al final de la semana sino al principio del mundo.
Al flamante director que suscribe la presente le ha tocado, en mala suerte, reportar al blog los viernes, y hasta ahora, no había caído en cuenta de la viva paradoja en la que muero. No sé si el lector me entiende, pero resulta que me toca hacerla a mí de heraldo del porvenir. Yo he de escribir aquí, sobre lo que todavía no pasa.
Afortunadamente para mi personal agencia noticiosa, de lunes a viernes, en la medida de lo posible, se van formando paulatinos nanogrupos de teatromancios que vienen a Heriberto Frías a que juntos encontremos las respuestas que se materializarán el primer día de la semana (el sábado, recordemos). Hace algunos minutos, concluyó una de esas sesiones, y puedo tener un millón de razones para alegrarme. Los actores se alimentan, no del aplauso, como dice el vulgo, sino de las inseguridades, y a eso debemos que busquen en cada ensayo, y tras cada certeza, nuevas preguntas.
Hoy Iván y Liliana dieron en sacrificar su agitada vida social, para venir a ensayar en viernes por la noche, y dedicamos un par de buenas horas a pulir dos secuencias, (perdonarán los puristas que importe vocablos del cine), ni siquiera dos escenas. En dos horas apuntalamos tres minutos de drama (dirán los que saben si este oficio tiene algún beneficio) y vieran ustedes, respetable público conocedor, lo bien que se siente.

jueves 4 de junio de 2009

Los teatreros, esa raza maldita

Sentadito y calladito, como un disciplinado obrero del teatro, veo a mis compañeros. En la esquina del ensayódromo esta Montes, nuestro viejo grave, quien habla por teléfono. Yo escucho a Etienne (¡¡que manía tiene este hombre de pasarse la mano por la narizota (no es figura retórica) en estos tiempos de gripas del cochinillo!!). El tic que tiene me recuerda a ese encantador niño que tenía el pelo verde y no sabía porqué. Montes sigue hablando y de pronto algo que dice atrae mi atención: “Y por fin, que traes puesto” “Ajá, ajá” “Y que zapatos” (Cara de aprobación de Montes) ¡Órale! No sólo se pone a hablar durante las notas y no nos pela, además lo hace para tener charlas eróticas, frente a nosotros y sin pudor.

Dejo de lado esta imagen que sólo podría desembocar en imaginar a Montes en tanga de elefantito recogiendo cacahuates... y mejor sigo viendo a mis compañeritos y me encuentro con la mirada de Yamil, quien me hace caras de changuito... ¿Estamos a caso en la primaria? ¡Qué cosas! Paso la mirada y me encuentro los ojitos vidriados de Zohar, quien me hace un gesto hacia Etienne (que sigue con su bla, bla) y ésta linda chica pone cara de viejito haciendo cara de “quiero mi cocol” y me hace una seña rara que parece que está cambiando un foco... ¡Ah! Está imitando a Valencia, al cuál ni conoció, ni el hombre cambiaba focos y además ya se nos murió. Esto está cada vez más raro. Juan se rasca los dientes, cosa harto desprovista de la virtud que suele presumir. Julia, al recibir una nota de Etienne le dice “Te odio” con voz de niña mimada de cuento de cachirulo... En fin, la Castañeda reunida en pleno. Me preocupa que la compañía esté formada por prófugos de una película de Buñuel. Sin embargo vienen a mi mete datos y datos, adquiridos en los años de la profesión, de muchos otros teatreros raros como estos, o un poquito mas, y llego a la conclusión de que es una cosa del gremio.

Los que se han dedicado al teatro siempre han sido personas que se salen de la norma social. Pongamos el caso de un tal Tespis de Icaria, el mero papá de todos los teatreros, (no es desplante alburero, es la leyenda que dice que fue el primer teatrero) quien después de ponerse a tono con sus actores vaciando barricas de vinos con algunos otros aderezos (hongos alucinantes y otras hierbas que abrían el espacio a la percepción de lo sagrado) pintaba la cara de los miembros de su coro con las heces, para iniciar la alabanza a los dioses. Luego los subió a un carromato y se los llevó por toda Grecia a darle a la legua. Seguro no le debemos únicamente el inicio del uso del maquillaje, sino también la sana costumbre de ponernos “a tono” para el trabajo teatral libando en honor a Dionisos (ya me acordé porqué tardamos tanto en escoger obra, y mas con un enólogo de bolsillo como Yamil en la compañía). No era, claro, por viciosos, sino por ritualistas.

Además de fiesteros, los teatreros somos supersticiosos. No barremos los escenarios, porque se barre la buena suerte. Dejamos ofrendas para el duende del teatro porque, si no, nos hace chocarrerías varias. No decimos “buena suerte” sino “mierda” o “rómpete una pata”. Una de las más pintorescas de estas supersticiones es la de no pronunciar nunca el nombre de aquella famosa obra escocesa (por su tema), escrita por el loado Shakespeare. Esta pintoresca costumbre parece tener históricos sustentos. Dicen algunos que el joven que iba a interpretar el papel de Lady Macb..., Hal Berridge (en ese tiempo las mujeres no podían ser actrices) enfermó y tuvo una fuerte fiebre, muriendo durante los ensayos. El propio autor hubo de hacer el papel.

Para el año 1703, año en que se presentaba la versión del Old Vic, se desató sobre Londres una terrible tormenta, con sus consecuentes destrozos. La Reina Ana, conmovida por la coincidencia con la obra y por los blasfemos textos de la misma, cerró la sala y ordenó a sus súbditos una semana de oraciones.

Dicen las malas lenguas que el mismísimo Presidente Lincoln, amante del texto, hizo una recitación de algunos pasajes (la muerte de Duncan) a un grupo de amigos mientras navegaban por el Potomac. Eso fue cinco días antes de morir asesinado... en el teatro.

El afamado actor Laurence Olivier también entra en la cuenta. En 1937 casi muere aplastado por un saco de arena que cayó desde el telar del teatro, durante un ensayo. Unos días después una de las actrices del reparto sufrió un accidente automovilístico y, justo antes del estreno, el administrador del teatro murió de un ataque cardíaco.Otro gran actor, Charlton Heston, realizó una versión al aire libre por el año de 1953, en la isla de las Bermudas. En esta producción era necesario un incendio en el castillo de Macb... Un día el fuerte viento llevó el fuego hasta las gradas. A pesar de que no hubo muertos la temporada terminó.

El director de cine Roman Polanski realizó su versión cinematográfica en el año de 1972. Poco tiempo después se vió enfrascado en un escándalo (que terminaría por exiliarlo del país) al ser acusado de la violación de una menor de 13 años. Aunque es posible que interpretar el texto shakesperiano no haya bajado sus pantalones, es curioso el dato. Claro, curioso para la gente de teatro que nos fijamos en esas cosas.

Total, teatreros raza maldita, además de bohemios y supersticiosos somos medio mujeriegos o hombreriegas (o ambos en casos extremos). ¿Cómo olvidar, en este asunto, al travieso Moliere? Este genio de la comedia dejó a Madeleine Béjart, su esposa y actriz principal, por la hermana menor, Armande Béjart. Aunque a ciencia cierta no se sabe si Armande era hija de Madeleine... y también del mismo Jean Baptiste según sus peores detractores. ¡Un enredo mejor que el del Melrose Place!

Claro que en todas las profesiones se cuecen habas, pero parece que los teatreros gustan de exhibir sus cocidos. Por estos y muchos motivos más, no es raro que los actores hallan sido segregados a lo largo de la historia. El mismo Moliere fue enterrado de noche y se prohibió que fuera en tierra consagrada. Recordemos también que poco antes de su muerte, Pablo IV expresó su deseo de incluir profesiones a su infame “Índice de libros prohibidos”. Entre las profesiones que detestaba se encontraban “los actores, bufones, y escultores que realizaban crucifijos feos...” (los actores, aunque hicieran obras bonitas, estarían incluidos).

Mientras estos enredados pensamientos cruzan mi mente, sigo viendo a mis compañeros teatromancios... Ahora Yamil levanta la mano para hablar, Etienne no lo pela. Yamil abre la boca para decir algo. La cierra. Asiente a lo que dice Etienne. Ahora, ante otro argumento, niega con la cabeza. Alza de nuevo la mano. Etienne le dice “pérame güero”. Yamil abre la boca y calla. Etienne se vuelve a pasar la mano por la narizota. Yamil mira de reojo a Julia. Etienne le dice “ahora si dime” Yamil contesta “si, bueno, te iba a comentar algo similar, ya sabes, mi manía de dirigir, pero ya, creo que ya sé”. Etienne lo mira con cara de “bien”... ¿¡¡¡Bien qué!!!? ¡¡Tan locos los dos!! ¡¡Uno cantinflea y el otro le entiende!!

Lo dicho. Actores, raza maldita.

P.D. Montes hablaba con su hijo, quería que se fuera bien vestido a los Scouts. ¡Maldita imagen del elefantito! ¡¿Ahora cómo la saco de mi virginal mente?!

miércoles 3 de junio de 2009

Escribe sobre tu proceso

Esas fueron las palabras de Etienne: “Escribe sobre tu proceso. Los actores no se quieren descubrir ante los lectores del blog, pero estaría padre, ¿no? Que hablen sobre su proceso.” Desde luego que él lo dijo con palabras más elegantes. Se refería al proceso por el cual nos adueñamos del personaje, lo construimos, lo traicionamos. Algo por demás difícil de describir.
Mi proceso empezó cuando me llamó Juan Carlos Estrada a la biblioteca de la escuela en que ambos trabajábamos (él sigue ahí, como varios teatromancios) para hablarnos del proyecto teatral que había de convertirse en Teatromancia. Por entonces, dos cosas pasaban por mi mente: 1) ¡Aquí somos puros directores que actúan! ¿Dónde están los actores? (después se sumaron más actores) y 2) ¿Neto habían planeado llamarme o me pidieron que me uniera porque me vieron aquí y dijeron “pos ya de paso”? Luego me aclararon que mi segunda inquietud no era justificada, o sea que sí estaba planeado invitarme. ¿Será? La otra pregunta me invade todavía cada vez que hacemos comentarios sobre las indicaciones de Etienne y veo cómo cada uno imprime en su comentario una visión de la obra. ¿Será que varios tenemos en serio vocación de director? Yo sí. Y la neta, eso me dificulta con frecuencia el trabajo actoral. No es que no sepa actuar, digo, tengo un chorro de años (no digo cuántos porque me adivinan la edad) en el oficio. Lo que resulta difícil es dejar de dirigir, aunque sea calladito, en mi cabeza, claro, cuando consigo callarme. Ahora, yo tengo suerte: Etienne y yo (si lo sabemos nosotros, que lo sepa el mundo) pensamos muy parecido. Somos amigos desde pre-escolar y tenemos formaciones similares. Así que cuando dirijo en mi cabeza, normalmente lo que marca Etienne se parece a lo que yo imagino, y así la cosa es más tranquila.
Luego llegó la época de lectura: leímos chorrocientas obras antes de elegir No hay burlas con el amor. Y aquí tiro otra neta: yo fui feliz. Leer teatro una o dos veces por semana se estaba convirtiendo en una rutina deliciosa que se esperaba con ansia. Pero afortunadamente encontramos obra (ya habrá tiempo para regresar a leer) y nos pusimos a chambiar.
Yo quería (todos los hombres queríamos, supongo) el papel del gracioso, Moscatel, el que se quedó el Iván. El pequeño payaso que llevo dentro solicitaba ser liberado. (Ya sé que soy payaso diario, pero eso es diferente.) Sin embargo, desde el primer día Etienne me puso a leer el papel de Juan, y algo bueno hemos de haber hecho, porque los papeles masculinos se quedaron justo como fueron distribuidos esa tarde.
Juan me parecía entonces un tipo bastante soso… en otras palabras, no lo entendía todavía. Era un galán áureo (digan lo que digan) que amaba y peleaba. Punto. Luego fuimos descubriendo en trabajo de mesa que Juan ama más de lo que pelea y sólo combate de dientes para afuera. Interesante. Y así fueron surgiendo poco a poco los detalles de este peculiar individuo. Fui agarrándole la onda al verso y al sentido de sus frases y como que me fue gustando. Luego Etienne empezó a llevarme a “buscar una corporalidad” peculiar del personaje, le elegí una gama de tonos de voz, o sea que hice la parte técnica (que sigo puliendo, desde luego), y hoy por hoy estoy en el proceso pavoroso de sentirme Juan, de convertirme en él cuando me trepo al escenario. A veces lo consigo. La verdad es que a veces no (el sábado pasado fue fatal), pero sigo buscando: los detonadores, los tonos, las motivaciones. Y, ¿saben? Me gusta ser Juan. Juan está chido. Juan está poca madre. ¡Viva Juan! Ahora sólo espero hacerle honor al papel.
Si encuentro más cosas que decir, les contaré la semana que entra. Por lo pronto, los dejo con mis co-teatromancios. Besos, abrazos, apapachos (dependiendo de su género, edad y apariencia… mientras la novia no me pegue). A propósito, ¿ya leyeron las entradas de los demás? ¡Pos a leer! ¡Nomás pa que no digan!

lunes 1 de junio de 2009

Mucha acción y poca psicología, mucho teatro y poco drama

"Nada me parece tan difícil como emitir un juicio de valor objetivo sobre los personajes de la Comedia. Nuestra intimidad educada en una tradición literaria que presta especial atención al análisis de la intimidad, que centra su interés en la persona interior, que busca profundizar en la problemática de la personalidad, nos lleva, espontáneamente, a buscar en los personajes del drama su contextura psicológica, la individuación de a naturaleza humana, su significación universal, la profundidad y trascendencia que como caracteres los constituyen.

Desde estos supuestos, confesados o no, pero actuantes en la estimativa de cierto grupo de críticos, este teatro no ha creado grandes caracteres, sus personajes carecen de interioridad, no hay profundidad psicológica, no encarnan valores humanos universales, salvo algún que otro caso excepcional que, como tal excepción, confirma la regla; en contrapartida, pocos teatros pueden ofrecer un cuadro tan rico y tan variado del vivir humano en lo que éste tiene de brillo exterior, impulsividad, antítesis, dinamismo, acción. Es decir, en el teatro español la vida humana es captada con un máximo de intensidad y un mínimo de profundidad. Sus personajes se agitan –eso sí, admirablemente– en la superficie de la vida humana, pero rara vez descienden a sus abismáticas honduras. En resumen: mucha acción y poca psicología, mucho teatro y poco drama."
¡TRIVIA! A todos nuestros seguidores: quien adivine quién escribió esto se ganará un beso de Iván el día del estreno. Órale!!!!! Estamos de oferta!!!!!