jueves 30 de abril de 2009

La democracia y el arte


Los barcos piratas tenían, un eficiente sistema de representación popular. Tiene sentido. Imagine el lector estar en las botas de un hombre que debe dirigir a una horda de individuos sin oficio ni beneficio y con el más ínfimo nivel de escrúpulo. Debe, ese, de ser el peor lugar para comportarse como un tirano. En la cubierta no hay lugar para el capricho. La legítimidad en el liderazgo está, literal y constántemente, culimpinándose por la borda del velero bergatín. ¡Qué libertad ni que ocho cuartos! Los CEO de grandes corporativos no tienen ni idea de la presión con la que el pobre capitán pirata tiene que vivir. En una situación así, o se trabaja verdaderamente orientado a resultados, o el cuerpo del dirigente terminará en el duodeno de los tiburones y la cabeza pendiendo de un mástil. Este estrés se contrarresta, a cambio, con una gran tranquilidad, la tranquilidad que le da al profesional del desfalco, saber que todos los días hizo bien su trabajo.


Vestuario de Inés


Por otro lado, el humilde director de esta Nave de los locos, que llamamos Teatromancia, no tiene tal privilegio. Aunque estoy a cargo de algo similar a una horda. Aunque Iván no tenga oficio, y Juan Carlos no reporte ningún beneficio, parece que a mi alegre banda de hermanos (y hermanas, para hablar con propiedad foxiana) lo que le sobra es lealtad y escrúpulos. Puedo respirar tranquilo a cada escena, porque nadie se amotinará y Yamil no me hará, estoy seguro, caminar por la plancha, en caso de llevarlos erróneamente por "enjutos piélagos que surcó tarde mal y nunca racional piloto" Pero hay otro costo, y éste es mucho más elevado que el de morir hecho coral: El costo de saber que mis amigos confían en mí; pero nunca saber, saber en verdad, saber a ciencia cierta, si cuando termina cada ensayo yo soy todavía digno de esa confianza.



Diccionario teatromancio español - español teatromancio II

Dado que ésta página debe ser un espacio abierto a la cultura y al florecimiento del lenguaje, me apresuro a verter mis pingües (como los muslos de Zohar) conocimientos de arte poética para iluminar sobre el curioso modo de versificar de nuestro compa Calderón.

Así pues, pasemos a unas breves (pero no por ello menos útiles) nociones de métrica y figuras retóricas.

HIPÉRBATON: Nada de “hiperbatón” mis queridos literatos, pues eso haría referencia a una bata usada por un gordo. El hipérbaton es, de acuerdo a la Real Academia de la Lengua,

(Del lat. hyperbăton, y este del gr. ὑπερβατόν, transposición).
1. m. Gram. Figura de construcción, consistente en invertir el orden que en el discurso tienen habitualmente las palabras.

Un ejemplo de hipérbaton de nuestra obra. Dice el guapísimo Moscatel en la jornada primera:

¿Tan presto,
que aun de buscar no me das
otro amo tiempo?

Donde vemos que se invierte el orden de las palabras, pues podría decir, por ejemplo:

¿Tan presto,
que aun no me das tiempo
de buscar otro amo?

El hipérbaton sirve, además de para dar color y sabor al verso, para que el poeta pueda lograr la rima o la musicalidad que no obtendría con el orden normal de las palabras.

Ahora bien, es un recurso literario que debe usarse con cautela, ya que la inversión puede provocar que se trastoque el sentido de lo que se quiere expresar. Aquí algunos ejemplos:

Si decimos, al entrar a la cocina, “mi vida, huele a traste”, haciendo a alusión a los platos que se remojan en el fregadero; podríamos causar un conflicto marital si usando un hipérbaton decimos: “mi vida, a traste huele”. Muy claro, ¿no?

O si invitamos a una compañerita a arreglar la casa para una fiesta, es mejor decir: “Amiga, mesas acomoda aquí” que “Acomoda mesas aquí, amiga” El hipérbaton podría conseguirnos una cachetada.

En fin, ojalá les sirva esta breve cátedra pera mejorar su discurso. Saludos y recuerden que no es lo mismo “le doy pasas a tu hermana” que “pasas a tu hermana y le doy”.

Luego le seguimos.

miércoles 29 de abril de 2009

Apología de un Don Juan

Vilipendiado múltiple
soy herido y afrentado,
tristemente difamado
por comentarios fútiles

que si en blog dejan su acento
es por componer leíble
que sobaje el conceto
en que me tiene el respetable.

Mienten que propuse multa:
multa aceté, multa pagué.
Decir que propuse insulta
mi recio origen libanés.

“Anómalo” me califican
por mi miedo a la influenza.
¡Sólo por tener conciencia
al fumigar mi bacinica!

Ni por perder mi hacienda estoy,
ni mi salud el día de hoy.
Ya que ustedes no se animan,
ocuparé aquesta rima:

Minimizando su escarnio
ya que no tiene importancia,
¡seré yo mismo quien láureo
este excelso Galán Áureo
que tiene la Teatromancia!

martes 28 de abril de 2009

¿Y ahora quién podrá defendernos?

Aspirábamos a la gloria en mayo y una fiebre de puerco se interpone en nuestro camino. ¿Alguien dudaba de la naturaleza surrealista de la realidad mexicana? ¿Algún otro proyecto teatral en la historia humana toda se había visto truncado, acallado, censurado, paralizado por las secreciones de un marrano que estornudo en California? ¿Hay alguna gracia épica o revolucionaria memorable en verse derrotado por el virus que se incubó en unos chanchos? Quizá podemos interpretar todo esto simbólicamente y darle una connotación menos infamante. Quizá toda obra de la inteligencia y la espiritualidad humana ha tenido que lidiar, a su modo y en su tiempo, contra los virus de puerco: la ignorancia, la indiferencia, la cerrazón, la brutalidad, la ramplonería y yo qué sé cuáles más. En fin, respetable público cibernético, que estamos aquí, en el DF (que parece la locación de una de esas malas películas basadas en las novelas de Stephen King), esperando nuevos vientos favorables para nuestra embarcación: preocupados ahora no sólo por ver si nuestro montaje sobrevive, sino por ver si el público que podría ir a verlo sobrevive. ¿Hay alguien ahí? ¿Ya los influyó la “influencia” como dice el icono nacional López Dóriga?
Mientras la emergencia pasa, los teatromancios seguimos intentando pulir este diamante en bruto que es No hay burlas con el amor (lo diamante por Calderón, lo bruto por nosotros). Buscando construir personajes significativos, deseando hacer resonar los “poderes secretos del lenguaje” teatral, luchando por encarnar los contenidos y las formas de una obra que deje huella de alguna manera. Y todo mientras nuestros vínculos humanos van ajustándose a los límites de una intimidad cada día más generosa. Por eso, respetable, me río de mí y de mis compañeros. No me quejo; me burlo de lo que nos pasa, y aunque todos, quizá, nos desesperemos de todos, todos seguimos aprendiendo de los otros y aprendiendo a querer a los otros. No es fácil, comprendan: en el grupo está puro anómalo de rango. Bueno, con decirles que está Yamil…
Así pues, si el moquillo mutante no nos y nos los extermina nos probaremos pronto. Usen cubrebocas, no saluden de beso o mano y “adiós muchachos compañeros de mi vida…”

jueves 23 de abril de 2009

¿Quién es el tal Pedro?

Finalmente el esperado día ha llegado. El sábado pasado se ha corrido la primera jornada. Y como sucede en estos casos... se sintió rico. Se sintió rico tener el reparto completo; se sintió más rico ver un primer fruto del trabajo de estos meses y, por supuesto, se sintió rico ver que hay un paso firme que nos augura una buena jornada y un dichoso destino.

En honor de tan fausta ocasión, haré breve semblanza de un muy importante integrante de nuestra joven compañía, un tal Pedro Calderón de la Barca.

Madrileño por nacimiento, vió la primera luz en 1600. Su padre, cual Carstens de la época, era ministro de hacienda de los dos Felipes, II y III. De familia noble, el apellido paterno deriva, según cuentan, de que uno de sus antepasados parecía haber nacido muerto, y le metieron en seguida en un caldero de agua caliente, según costumbre de la época, para verificar si era cierto que no vivía, en cuyo momento, al entrar en contacto con el agua de elevada temperatura, prorrumpió en sus primeros gritos.

A los nueve años el joven Pedro entró en el colegio de los jesuitas, y luego pasó a Salamanca, donde brilló en el estudio de las matemáticas y la filosofía. Hay noticias oscuras de que a los 13 años estrenó su primera comedia, El Carro del Cielo, fantasía que se desarrolla entre el cielo y la tierra. A los diez y nueve contaba ya tres o cuatro éxitos teatrales.

Calderón tuvo una muy difícil relación con su padre tanto porque éste casó en segundas nupcias después de la muerte de su madre, tanto como por que su padre quiso imponerle la capellanía a la que tenía derecho su familia. Según algunos críticos, es esta mala relación la que sustenta varios de los argumentos de las obras calderonianas, donde se presentan conflictos generacionales y engaños para evitar las paternas imposiciones en el amor o en la conducta.

Huyendo de la forzada carrera religiosa, a sus 24 años dióle por andar de guerrero y se alistó bajo las banderas de duque de Alba, peleando en Flandes e Italia.

Pocos hechos sobresalen en su biografía, definitivamente más sosegada que la de su contemporáneo Lope de Vega, entre ellos que sufrió una cuchillada en un tumulto ocurrido durante uno de sus estrenos.

Al final de su vida, cediendo a la voluntad de su difunto padre, se ordena sacerdote en 1651 y, poco después (en 1653), obtuvo la capellanía que tanto ansiaba Don Diego Calderón para la familia. Aunque Pedro Calderón siguió escribiendo comedias y entremeses, desde entonces dio prioridad a la composición de autos sacramentales, género teatral que perfeccionó y llevó a su plenitud, pues se avenía muy bien con su talento natural, amante de las complejidades teológicas.

Aparte de No hay burlas con el amor, es también autor de joyas como Casa con dos puertas, mala es de guardar, comedia de enredo, 1629. La dama duende, comedia de enredo, 1629. El príncipe constante, drama histórico, 1629. A secreto agravio secreta venganza, drama de honor, 1636. La vida es sueño, drama filosófico, 1636. El médico de su honra, drama de honor, 1637. El alcalde de Zalamea, drama de honor, 1651. La hija del aire, drama histórico, 1653. El gran teatro del mundo, auto sacramental, 1655.

Murió en 1681. Y por hoy, ésta nota también.

Primera semana y primera multa



No será novedada para nadie que durante el ensayo de hoy por la tarde tendremos que dedicar varios minutos a escuchar la dramática y épica historia de cómo nuestro galán áureo, a pesar de haber sido precisamente él quien viniera al frente con la brillante idea de cobrar almojarifazgo a los socios fundadores que no escribieran en el blog, ha sido el primero, contra mi pronóstico que apostaba por la de los pingues muslos, en fallar a su compromiso.
En cambio, para que el amable lector, no se quede hoy con las ganas de enterarse sobre los ires y venires de Teatromancia, al haber descubierto la negligencia de la que hemos sido todos cómplices, me apresuro ha dejar a su pertinente consideración, querido público internacional, una muestra de nuestros vestuarios, a saber, Doña Beatriz (Zohar) y Doña Leonor (Julia).

martes 21 de abril de 2009

Bajo amenaza de multa

Cercados por las reconvenciones de nuestro director, reconvenciones que, ante su nulo efecto, se convirtieron en regaños y ahora en amagos de multa, henos aquí de nuevo ante ustedes para compartir espontáneamente y si ningún miedo de perder dinero algunas peripecias de nuestro proceso de montaje.

Hacer teatro en México, en cualquier circunstancia, es una proeza. Nadie lo ignora, excepto, tal vez, los Bichir, Diego Luna y Fred Roldán que, para quitarse de problemas, escribe sus obras, las dirige, las actúa y es el único que las ve (perfecto ejemplo de autosustentabilidad cultural). De ahí en fuera, cualquier moro o cristiano que acoja la idea de intentarlo tendrá que superar más pruebas y desafíos que las que superaron los Argonautas, Hércules, Ulises, Rama, Gilgamesh, Junajpú e Ixbalamqué juntos. Si a esto le añadimos, en mi caso, que en la embriaguez de la encantada hora tuve a bien hacerlo al lado de los teatromancios, el respetable entenderá que las dimensiones de la hazaña merecerían ser contadas, cuando menos, en un nuevo poema épico que para mi gloria y fama acaso se intitularía El inmenso penar de los juancarlungos. ¿En qué bendita hora se me ocurrió derrochar mis infinitos talentos entre estos disímbolos?

Miren ustedes, entre nosotros hay un niño que toca la flauta y que, por nebulosas aficiones vegetarianas, podría comerse las pacas de paja de la escenografía antes de las funciones (lo bueno es que no vamos a usar, hasta donde sé); una ronca instructora aeróbica que, además de decirle “papi” al director como si fuera Alcapone o el Chapo Guzmán (él, no ella), amenaza con emascularte si no la mencionas en tus reportes cibernéticos (como éste) o si frotas algún objeto de unicel contra una superficie lisa en su presencia; un descendiente de libaneses con complejo de Electra que presiente a su figura paterna en cualquier llamada telefónica y que a la menor señal exclama con unción: “¿padre?”; una hincha de López Obrador que nunca llega a los ensayos por acudir a los mítines y denunciar los altos precios de las gasolinas; un morenazo célibe (contra su voluntad) que en la vida está lleno de simpáticas ocurrencias, pero que apenas se le solicita que utilice ese humor en su personaje, se comporta con la gracia de un cachalote encallado; y luego nosotros: la Zohar de pingües muslos, mujer mía, que no es mía, y que me acusa de sodomía en ausencia, yo, el mártir del potrero; el devorapollos y pseudoasmático Omar y el recién llegado Montes (que nunca lleva paletitas de cajeta). ¿Nos imaginan juntos? ¿Nos imaginan ensayando un Calderón? Algo que está cerca de ser una reunión de Al-Qaeda combinada con una función de circo de los hermanos Vázquez y un discurso de Chávez. No es por dárselos a desear, pero suena cósmico ¿no?

Pronto verán el resultado (¿sobreviviré?), entretanto, “Adiós muchachos, compañeros de mi vida…”

domingo 19 de abril de 2009

Mis miembros fundadores

“Tranquila, Pachuquilla, debiera ser algo divertido”, lo dices tú, Calepino (aquel erudito que cuando habla sufre de seguidilla literaria y chorro retórico).

Hace cinco minutos estaba dormida, descansando como en pocas ocasiones, sin ningún pendiente… ¡pendiente! algo en lo más profundo de mi inconsciente me sobresaltó: tienes que subir algo al blog o el usurero de Yamil te cobrará multa. ¡Diantres, en qué momento se me ocurrió decir que los lunes!

Domingo último de las vacaciones oficiales, frente al monitor, ambos en blanco: yo de la palidez que esta empresa me ha causado —estoy mareada y no he comido pay de queso—, el monitor porque no se qué decir, qué escribir o porque, en realidad, no quiero hacerlo. Con cara no de pocos amigos sino de ninguno, me siento. Cuándo me perdí, por qué empecé a hacer teatro con esta gente… ah sí, ya recuerdo, estaba desempleada… ¿o desesperada?, sí eso también.

“Ah, Pachuca, cuenta algo que te haya gustado hasta ahorita, escribe acerca del proceso, di qué piensas del teatro o por qué lo haces”, sugiere Calepino mientras me trae una taza de café con cardamomo y un panecillo tostado con queso crema y mermelada de guayaba rústica, mmmm, exquisitos los tres, sobre todo Calepino, quien regresa con más panecillos y yo sigo en la misma línea que no ha querido comenzar aún… mmmm, rico, rico, rico, rico, canto la Tetita que me enseñó Julia, desde ese día no me la he podido quitar de la cabeza, esa canción debe contener mensajes cifrados del mal, pues quien la escucha ya nunca más la olvida… la merienda me ha desviado de mi propósito.

De nuevo me pregunto, por qué decidí hacer teatro con esta gente. Ni los conocía, ni conocía su trabajo, ni su grado de compromiso, ni su pasión verdadera por hacer teatro; ellos tampoco sabían mucho de mí, de mi trabajo, de lo que me mueve en esta vida a ser teatrera; sin embargo, algo en ellos me motivó, me atrajo, me sedujo; algo me dijo que era el momento y la gente indicada; algo me impidió negarme; algo me empujó, me obligó, me arrastró… el algo era Calepino: no está a discusión, son mis cuates de la chamba y vamos a trabajar con ellos, punto —miento, por supuesto—.

Lo cierto es que los cuatro, Etienne, Yamil, Iván y Calepino, me han cautivado de a poco, lentamente, pero de manera segura y efectiva. Por supuesto que he tenido dudas en el proceso, no obstante, me quedo con lo siguiente: de Etienne… “¡¡¡¡Pachuca ya llevas horas ahí!!!!”, grita Calepino desde la alcoba. Ya voy, Chinchilla. Ni hablar, ya es tarde, mejor el próximo lunes les cuento lo que me seduce de cada uno de sus miembros, digo, de los miembros, bueno, de mis miembros fundadores.