Los andares de los teatromancios continúan acercándose peligrosamente a la fecha del estreno. El fin de año vuela como halcón peregrino y lo que hacía unos meses atrás parecía un futuro aún remoto, ahora se ve como un muro con el cual estamos a punto de estrellarnos. Y no lo digo porque las cosas anden muy mal o estemos al borde del colapso creativo o porque un cisma escénico se extienda sobre nosotros sin que alguna reforma contenedora surja simultáneamente de nuestra matriz gestadora (finísimo chiste histórico: ¿lo notaron?) (si no, qué pésimo sentido del humor). No, lo digo porque en estas fechas es obligado notar con nostalgia que el hilo de nuestras vidas se devana con vertiginosa celeridad sin que, habitualmente, nos percatemos de ello, y porque se hace conveniente, tras tan sesuda reflexión, exhortar a los lectores a que mantengan una conciencia alerta sobre este tópico literario musical de la vita brevis (¿ya leyeron la novela homónima de Jostein Gaarder? Está re buena, se las recomiendo) y se pongan a cometer cuanto pecado disfrutable esté a su alcance y cuánta memorable locura les sea dado imaginar (me pongo a disposición de las chicas guapas del ciberespacio pa lo que se les ofrezca, tanto en planeación como en ejecución). Estense, pues, al pendiente de nuestras noticias para que el próximo año celebremos juntos seguir vivos, y haciendo teatro y viendo teatro y alimentando amistades y buscándole sentido a este trance tremendo de existir. Adiós muchachos, compañeros de mi vida…
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada