Pues contrapronóstico los másculos teatromancios se mueven un poco, al menos un poco. El domingo en ensayo extraordinario, Helmar el magnífico, pese a tener recién paridad mujer fue a realizar el milagro de poner a bailar a la compañía. Claro es que, claro, al flamante director se lo ocurren las cosas y luego ya será trabajo del resto resolverlas. Así ocurrió cuando, no sabiendo bien a bien cómo hacer que unos muebles desaparecieran de un lado y aparecieran del otro, conminé ingenuamente, a la Teatromancia para que danzando un cálido minuet realizara el milagro. Primero sucedió que Zohar puso, como es costumbre, el grito en el cielo y consiguió que un bailarín de escuela y harto talento sirviera de intermediario entre la tarea y los actores. Así fue como apareció Helmar el magnífico. Luego sucedió también que Emiliano hizo evidente mi ignorancia y por no sé qué estéticas e historiográficas razones, me conminó a reculear y en lugar de cálido minuet propuso un redondo rondó.
El caso es que el domingo fue día de danzas y contorsiones. Y si ustedes vieran que hermosos se veían los diestros actores de esta compañía haciendo giros y piruetas, por Dios que pedían estreno para mañana.

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