En esta profesión hay que hacerle de todo, aprender de todo, arrimarle... no, a todo no, porque luego Yamil se apunta. Lo que quiero decir es que en este negocio (figura retórica, ni se emocionen) hay que aprender muchas cosas que no nos imaginábamos que haríamos, en pos de resolver esas diversas cuestiones que salen de la puesta en escena.
Por ejemplo, resulta que en una de las escenas, por azares del destino, don Alonso (alias el Calepino de Potrero) se rompe una pierna. Y Etienne quiere que ande enyesado durante el tercer acto. Y entonces al carismático encargado de producción se le vienen a la mente unas cuantas mentadas... digo, unas cuantas dudas de cómo realizar tal prodigio. ¿Unas vendas amarradas al momento sobre la pata y ya? Al fin, con la luz esponja... No, hemos abusado del teatro paupérrimo. ¿Algún aparato ortopédico olvidado en el ropero de Zohar, el cual nunca usó, a pesar de las indicaciones del médico, lo que provocó su actual estado de grácil caminado de pato espinado, el que le impide caminar en línea recta cuando se pone tacones? No, no. Aunque ayude a la estética sin tiempo y cuasi surrealista de las pinturas del loco amigo de Etienne, es preferible no optar por el aparato ortópedico, ya que cualquier aparato en las manos primitivo-pleistocénicas de Juan es un peligro. Mmmm...
Tal vez lo adecuado sea enyesarle la pata a Juanito, primero poniendo una capa de papel higiénico para no hacerle una tratamiento depilatorio en el proceso. Luego, dejar secar y cortar en dos con un cúter. Ya sacando las dos mitades, ponerle algo en las orillas para que no suelte polvillo ni se deshaga. Por dentro le ponemos tela para que se amolde bien al actor y, al mismo tiempo, le dé más unidad a la pieza. Terminamos por poner unas cintas de velcro blanco a las partes para hacerla quita-pon. Hasta ahora me parece buena idea, pero no sé cuánto dure, tal vez convenga hacer toda la pieza de papel maché para que aguante toda la temporada de 500 representaciones (ojalá).
Pues sí, cosas que uno aprende a hacer (o a regarla) en este trabajo. Son los momentos como éste, cuando me visto de mezclilla vieja y playera mientras pinto o clavo, en que me pregunto... si yo fui a la universidad y me titulé (con mención honorífica, aunque no venga al caso), ¡¿cómo acabé de chalán?! Vueltas que da la vida.

0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada