sábado 21 de noviembre de 2009

Los vestidos

Decía el maestro José Luis Ibáñez que lo primero que un actor quiere saber es qué se va a poner para la escena. Eso, en realidad y con todo lo que respeto al maestro, me parece relativo, pero ciertamente dice más de lo que dice. El actor quiere saber cómo se ve su personaje, en qué transformarse, quién será él en la primera y definitoria opinión que de él o ella tenga el público. Quiere pensar cómo pensará quien use una u otra prenda. Quiere entrar en la ficción, lucir, lucirse. Cuando un actor ve el diseño de su vestuario, en este caso en dibujos de Etienne, siente cómo le caen los veintes, y se emociona. ¿Qué no sentiremos cuando nos den nuestro vestuario, nos lo pongamos, nos veamos al espejo y ensayemos con él? La paulatina configuración de la magia. La transformación. No en vano dicen que el actor no se viste, se convierte en alguien más. Ponerse un sombrero (¡ay, Dios, olvidé ir a comprar y pedir que planchen el mío!) no sólo cubre la cabeza, sino que cambia la actitud. Y miren que en No hay burlas nuestros personajes no son tan distintos de nosotros mismos.
La verdad, yo me identifico mucho con mi vestuario. Excepto por los pantalones. Esos me dan pudor. Pero va a estar padre de todas maneras. Hoy enviamos el pedido de las telas para dárselas a Beatriz… chan chan chan cháaan.

Yamil

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