"Caldo de pollo para el corazón", jajaja, por parte de un inesperado paternal y comprensivo director que, también inesperadamente y pese a todo, me recibe con un abrazo cargado de calidez y apoyo...
Whiski para Yamil e Iván, quienes en un arrebato de jotería intentan marcar a los personajes femeninos que me acompañan en la obra... hasta ser reprimidos por el director.
Lágrimas, desde lo más profundo, al decir un verso, inevitables, instantáneas, súbitas... caritas de consternación de cuatro hombres mirándome, todos diciendo mi pie, poerque todos son Inés, todos son Leonor, y yo al borde de la esquizofrenia no sé a quién responder...
El jueves: Cita tempranera en el sur para ver un cuarto (descartadísimo); ensayo más al sur de 10:00 a 2:00 con Marionetas de la Esquina; correr al centro para dar dos funciones de Galileo, a las 3:30 y las 4:30; regresar corriendo al sur para ensayar con los Teatromancios (ya no hay tiempo de ver otro cuarto, el ensayo es --era-- a las 5:30, no una hora después); correr en la noche (oh, qué fría noche) al centro de Tlalpan (más al sur, surísisismo) para un concierto de trova; correr en la madrugada a casa (norte, muuuyyy al norte de dónde estaba); llegar a casa y a las 2:30am preparar todo para el trajín del día siguiente... y yo que parece que no estoy, que no me hallo, que no soy, por ahora.
Lo mejor del jueves es saber que desde hace 12 años hago teatro y cada día descubro algo más por aprender, algo más que descubrir de mí haciendo y siendo teatro, y que todos los días la vida me muestra el camino, mi camino, el único posible, la única luz del mundo, el que persigo para no volverme loca...
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