Buen ensayo el del jueves. En una sola escena se puede descubrir tanto, tanto.
El director dio sus indicaciones (tómense su tiempo, siéntanse, esperen el estímulo de su compañero, escúchense).
Arrancamos (Alonso y Beatriz) medio tibios, desconcentrados, irresueltos. (Toma 2) De a poco nos fuimos calentando, concentrando, disponiendo. (Repetir, por favor) Se nos daban instrucciones, orientación, ejemplos. (Va desde arriba) No, no lo estamos logrando o no estamos entendiendo. (¿Lo intentamos una vez más?) Bien, bien, ya está mejor, pero… (Va de nuevo, vale) No me mientan, escúchense, esperen la reacción del otro. (Mejor, pero otra vez) Eso es, ya los sentí, ya hay hallazgos, ya están sucediendo cosas. (A ver, intentemos una vez más) Bien, bien, por ahí va, sólo cuiden esto y aquello y lo otro. (Venga, desde este verso)
Cuando menos nos dimos cuenta Alonso, hecho todo un Don Juan, cortejaba a Beatriz y ésta (ay, infelice) estaba en un mar de nervios y de llanto porque este hombre se había atrevido a entrar en su cuarto, rompiendo con todo su esquema de valores y preceptos, incomodando y atrayendo, perturbando y embebeciendo. Es decir que los tres cogimos… la idea. Oh, prodigio, oh milagro de luz el hecho escénico.
Serenos, contentos, satisfechos y tranquilos terminamos nuestra jornada con una buena, muy buena copa de vino en la mano y sonreímos hasta nuestra despedida.
Zohar
Zohar

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