viernes 18 de septiembre de 2009

Con el río fuera de madre 2

Sigue lloviendo sobre mojado. El valle de México extraña ser lago en la región más pestilente del aire. El arca de la que hablaba juancarlado seguía su vida a flote, y en amaneciendo el siguiente día continuó su deleitoso relato. Surcando en los alrededores de las remotas tierras del norte, el Noé tenochca Fajardín diviso que una pareja se defendía de las aguas en la copa de un árbol arraigado a alguno de los montes en donde la leyenda afirmaba que una virgen guadalupana se había aparecido a un extraviado. Reparó alarmado que la deriva lo había transportado imperceptiblemente a los confines del reino. De hecho, nunca antes había divisado cuán hermosas maravillas, ahora inundadas, podían esconderse en aquellos parajes para él advenedizos. De cualquier modo, decidió emprender la retirada hacia sureños lares, no sin antes embarcar a la talentosísima y casta dupla de seres industriosos. Todo cambió desde aquel día: lo que parecía una empresa destinada a la infamia, de pronto se perfiló como una posibilidad de redención. Entendió su propósito: las abominaciones que hasta ahora lo habían acompañado en su desesperado periplo, que no sabían hacer nada excepto comer, fumar y beber (y saciar las pulsiones de su entraña con los peluches abordo) eran un infausto preludio, una vaga prefiguración de lo que acababa de encontrar: seres que cocinaban, limpiaban, resistían travesías, se ejercitaban, sabía calafatear, preparar betunes, reparar los velámenes y leer cartas de marear. Su malestar de rabino de Praga amainó. Antes de que las lluvias también lo hicieran todavía tuvo tiempo de sumar a otros dos integrantes a la tripulación: uno venía de los Montes y padecía de alucinaciones. Creía tener grandes amigos en todas partes que en realidad habían sido criaturas de poca monta o estaban muertos. La otra era una musa ligera: en noches de embriaguez rememoraba las glorias de sus días de vino, rosas y cabaret. Solía clausurar sus partidas de nostalgia derramando oscuramente una lágrima cuando recordaba cómo a ella y sus amigas se las llevaba la Julia por faltas a la moral. Eran otros tiempos, decía. Luego vomitaba por la proa de la nao. ¿Quieren saber cómo acabaron estos argunautas tropicales? Espérense al estreno.

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