sábado 26 de septiembre de 2009

Las bilis del capitán...

En Teatromancia los vientos soplan de nuevo. La calma chicha que nos tuvo algunos meses varados en un altamar peligrosamente inmóvil empieza a quedar atrás y las velas se tensan hacia dirección deseada. No sólo la mayoría de los personajes comienzan a adquirir mejor consistencia dramática y la producción ya da signos vitales; también el grupo se siente más entonado y dispuesto y hay señales de que la conclusión del tercer acto no está tan lejana. Incluso a nuestro Noé Fajardín lo insuflan nuevos bríos y no sólo da golpes de timón para aprovechar las corrientes propicias, sino que resopla ansioso cuando algún imprevisto, descuido o irresponsabilidad aquieta los aires, desacelerando el ritmo de nuestra nao. Por ejemplo, a mí, el otro día, me echó ojos de pistola tepiteña por llegar tarde al ensayo del jueves por andar resolviendo problemas de trabajo en la escuela de enfrente de su casa. Tenía cara de Erinia desvelada y vengativa (él, no la escuela) y bufaba a mis espaladas mientras me espetaba que si “México nunca salía de su sórdido rezago cultural” sería por mi culpa cristiana. Y eso que en la escena que estaban ensayando yo nada más decía como tres líneas. Bueno, me gustó la actitud de urgencia y aplomo con la que me demandó compromiso. Esperemos, eso sí, que a nuestro capitán no le vaya a pasar lo que a Colón, que de puros corajes se murió sin paladear las glorias que merecía por descomunales esfuerzos. Imagínense: nosotros multipremiados en el mundo por tan excelso montaje, arrastrando multitudes a los teatros y gozando de las mieles del éxito, y Fajardín esperando un trasplante de órgano para poder procesar las bilis del oficio…

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