Ciertamente: a partir del Don Juan del Burlador de Sevilla atribuido a Tirso de Molina, la figura de Don Juan es culturalmente la del "burlador", o sea, la del hombre que se echa a las mujeres al plato y las abandona. La del hombre que no se enamora, pero sabe enamorar. Quiero aclarar por acá que el Don Juan de No hay burlas con el amor NO entra en esta tradición: Don Juan es simplemente un nombre común entre los galanes de las comedias de capa y espada, como Don Mendo o Don García o muchos otros. No escribamos aquí el libro de los dones. Mi Don Juan, el que actúo, sí que se enamora. No es muy listo, eso sí. Es un celoso, pero no a la Othello. Es un celoso de comedia. Y sí, es "bachiller y chocarrero", o sea estudiante y juguetón. ¡Oh, Musas, qué haré! ¡Si yo nunca he sido ni un Don Juan, ni bachiller (siempre fui viejito), ni chocarrero (más que en las pesadillas de mis alumnos que van reprobando), ni galán (en el sentido actual)! Habrá que explotar lo celoso y lo enamorado.
Me preguntan por ahí, ¿qué ves en el futuro de tu personaje? Evidentemente, conozco el final de la obra, así que eso no vale. Veo que se le quita un poco lo caricaturezco pero conserva el ritmo, que se relaciona cada vez mejor con los demás personajes. Que se cree todas las historias que se inventa y que vive intensamente su amor y sus travesuras. En pocas palabras, veo un personaje que al principio se me resisitía y que ahora me gusta, me divierte. Ojalá los demás la pasen tan bien viendo la obra como nosotros la pasaremos actuándola.
Yamil
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