Todo el mundo es un teatro, y todos los hombres y mujeres simplemente actores.
William Shakespeare
El mundo es un teatro, pero tiene un reparto deplorable.
Oscar Wilde
La pregunta es, ¿responderá mi necesidad por hacer teatro a mis impulsos obsesivos? La realidad tiene un sinsabor que es sabor a la vez: es impredecible. El teatro, en cambio, está cuidadosamente planeado. Desde luego que, en tanto se inserta en la realidad, tiene su índice de impredictibilidad que lo hace sabrosón y al que le debemos hechos tan interesantes como la legendaria (quién sabe si cierta) muerte de Moliere, la retirada del teatro de un actor en la peli Martín H, y la famosa cita de “¡Cantinero!” cuando un servidor, actuando al Duque de Clarence en Ricardo III, tenía que llamar al carcelero y equivocó el vocablo por uno que le era más afín. Pero vuelvo al punto: ¿será que los teatreros somos obsesivos de closet (yo sin closet) buscando controlar y predecir conforme a libreto una parte de la vida? ¿Eliminar la angustia existencial del espacio para la improvisación?
Digo, mi caso es muy claro: soy un idealista. En tanto lo soy, suelo esperar de la vida y de mis acciones consecuencias muy distintas de las que recibo. Creo en la gente con candidez (algunos dicen que es estupidez) y creo que las cosas se resuelven con hablarlas abierta y amorosamente, porque todos lo seres humanos se muestran amor, ¿no es así? Ya ven de dónde tanta angustia. No quise creerle a aquél egregio y medio griego maestro de la secundaria que nos decía en inglés que “la vida es un sandwich de mierda y cada día comemos menos pan.”
Por eso disfruto tanto una comedia: la mierda es poca y el pan trae ajonjolí. Los personajes no son seres humanos y, por lo tanto, no traicionan mis expectativas. El teatro es menos deplorable que la vida. Incluso si fuese una tragedia: lo que se espera se cumple. ¿No es lindo? ¡Que si un día ese Hamlet se mata a medio monólogo o ese Segismundo es pura dulzura al ser liberado, me retiro del teatro!
1 comentarios: