Era sábado en la tarde. Seguíamos a la compañía de teatro de la oficina de turismo de Tequisquiapan que representaban en los callejones y locales circundantes a la plaza central las escalofriantes leyendas de un pueblo de la conquista. Tras zamparnos cuatro historias montadas a ciegas y a sordas, emprendimos la consigna de escaparnos del grupo, deshacernos de nuestros banderines, y salvar nuestros ojos, oídos y mentes de una más de esas aberraciones. Creo que a mis amigos no les pareció tan terrible como a mí. De hecho, comenté algo así como “yo, que siempre intento ser generoso con el teatro…” Mis compañeros me detuvieron en seco. Resulta que no soy tan lindo y amable como pensé. A ellos el montaje les parecía malo, a mí: digno de que les cayera la peste. A ellos les habrían tal vez gustado obras que a mí no, o serían, a pesar de ser público que ha visto bastante teatro, mucho más generosos.
Recordé entonces cuando, hace ya varios milenios, escribía crítica de teatro. Vino a mi recuerdo cómo abundaban mis textos en sarcasmo al encontrarme con obras sucias, descuidadas, o con “papayas cósmicas” que es como algunos (UNAM sobre todo) denominamos a los pseudo-hallazgos de dramaturgos y directores drogados que piensan que son originales cuando sólo son aburridos e inconsistentes.
¿Y el teatro que hago? ¿Resiste estas pruebas? Ahí está lo padre. Sí, soy un pesado. Casi todo el que me conoce lo opina, pero también trabajo porque los resultados que doy lo valgan. Y, desde luego, no hago teatro con quien, a mi parecer, no lo sabe hacer. Me ha ocurrido en el pasado (no menciono ni cuándo ni con quién) que me parezca que los resultados de la obra en la que estoy apestan, o que lo que me pide el director es estúpido. Gracias al cielo, eso quedó en tiempos pasados y muy pasados.
¿Y Teatromancia? Teatromancia es la neta. Como todo proyecto, con sus procederes y veleidosidades particulares, tiene qué criticar. Pero me parece que pasa muchísimas pruebas de calidad:
1. El reparto es gente profesional, que actúa con precisión, limpieza e inteligencia.
2. La dirección, la producción y el diseño son propositivos, buscan cosas, son elocuentes.
3. No hay reparos en señalar que alguien hace esto o lo otro mal, en pedir que las cosas se corrijan.
4. El ambiente de trabajo es rico. Nadie es ni significativamente más tonto ni más listo ni más o menos talentoso. Se siente equilibrio.
En resumidas cuentas: me puedo quejar del tiempo que nos ha tomado llegar a donde estamos (hoy estuvimos entonando 3er acto), pero debo aceptar que sí, que resiste las pruebas de mi pesadez y las sobrepasa con creses. Es la compañía que me gusta, en la que quiero estar. ¡Está chido esto!
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