Inicio diciendo cómo ayer, antes del ensayo, al pasar por mi oficina encontré un ya clásico paquete de trufas con la dedicatoria: para el los teatromancios. Así que lo traje a casa, y lo compartí con el grupo que celebró el trabajo de mesa de la segunda jornada y también el día del maestro. Además de agradecer públicamente a Angie, por su agradecible regalo, el famoso paquetito me puso a pensar en lo atípico de una compañía donde se le puede llamar a todos los integrantes: mastro (y maestra, para ser foxianamente correctos)
¡Felicidades Teatromancia por el 15 de mayo!
¡Felicidades a todos los profesores que siguen las peripeteias dramáticas de nuestro colectivo!
y de paso ¡Felicidades a todos los alumnos que todavía encuentran loable la profesión del docente!
Y hablando de profesores... Hasta este momento he estado dirigiendo "No hay burlas con el amor" de la misma forma en la que mis maestros de la facultad me dijeron encarecidamente que NO debía dirigirse el teatro. (Súbele al tono, bájale al tono, una pausita acá, y la cadencia más tatatá y menos tátata, ahora triste, ahora enojado) El resultado del primer acto es, salvo minucias que hay que pulir, muy satisfactorio. En cambio ayer, con Zohar, quien tiene un personaje más sólido que el resto, intenté abordar el trabajo de mesa desde una perspectiva más ortodoxa y vinculada a motivaciones más que a forma. Espero lograr un lindo equilibrio, especialmente en las escenas en las que los personajes deben humanizarse más y permitir al público espiar dentro de ellos.
¡Ayude Teatro nuestro intento!
¡Felicidades Teatromancia por el 15 de mayo!
¡Felicidades a todos los profesores que siguen las peripeteias dramáticas de nuestro colectivo!
y de paso ¡Felicidades a todos los alumnos que todavía encuentran loable la profesión del docente!
Y hablando de profesores... Hasta este momento he estado dirigiendo "No hay burlas con el amor" de la misma forma en la que mis maestros de la facultad me dijeron encarecidamente que NO debía dirigirse el teatro. (Súbele al tono, bájale al tono, una pausita acá, y la cadencia más tatatá y menos tátata, ahora triste, ahora enojado) El resultado del primer acto es, salvo minucias que hay que pulir, muy satisfactorio. En cambio ayer, con Zohar, quien tiene un personaje más sólido que el resto, intenté abordar el trabajo de mesa desde una perspectiva más ortodoxa y vinculada a motivaciones más que a forma. Espero lograr un lindo equilibrio, especialmente en las escenas en las que los personajes deben humanizarse más y permitir al público espiar dentro de ellos.
¡Ayude Teatro nuestro intento!
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