martes 28 de abril de 2009

¿Y ahora quién podrá defendernos?

Aspirábamos a la gloria en mayo y una fiebre de puerco se interpone en nuestro camino. ¿Alguien dudaba de la naturaleza surrealista de la realidad mexicana? ¿Algún otro proyecto teatral en la historia humana toda se había visto truncado, acallado, censurado, paralizado por las secreciones de un marrano que estornudo en California? ¿Hay alguna gracia épica o revolucionaria memorable en verse derrotado por el virus que se incubó en unos chanchos? Quizá podemos interpretar todo esto simbólicamente y darle una connotación menos infamante. Quizá toda obra de la inteligencia y la espiritualidad humana ha tenido que lidiar, a su modo y en su tiempo, contra los virus de puerco: la ignorancia, la indiferencia, la cerrazón, la brutalidad, la ramplonería y yo qué sé cuáles más. En fin, respetable público cibernético, que estamos aquí, en el DF (que parece la locación de una de esas malas películas basadas en las novelas de Stephen King), esperando nuevos vientos favorables para nuestra embarcación: preocupados ahora no sólo por ver si nuestro montaje sobrevive, sino por ver si el público que podría ir a verlo sobrevive. ¿Hay alguien ahí? ¿Ya los influyó la “influencia” como dice el icono nacional López Dóriga?
Mientras la emergencia pasa, los teatromancios seguimos intentando pulir este diamante en bruto que es No hay burlas con el amor (lo diamante por Calderón, lo bruto por nosotros). Buscando construir personajes significativos, deseando hacer resonar los “poderes secretos del lenguaje” teatral, luchando por encarnar los contenidos y las formas de una obra que deje huella de alguna manera. Y todo mientras nuestros vínculos humanos van ajustándose a los límites de una intimidad cada día más generosa. Por eso, respetable, me río de mí y de mis compañeros. No me quejo; me burlo de lo que nos pasa, y aunque todos, quizá, nos desesperemos de todos, todos seguimos aprendiendo de los otros y aprendiendo a querer a los otros. No es fácil, comprendan: en el grupo está puro anómalo de rango. Bueno, con decirles que está Yamil…
Así pues, si el moquillo mutante no nos y nos los extermina nos probaremos pronto. Usen cubrebocas, no saluden de beso o mano y “adiós muchachos compañeros de mi vida…”

1 comentarios:

  1. Está confirmado, Juan Carlos es mi blogger favorito. Aunque cabe aclarar que a todos los leo con el mismo entusiasmo, no paren!
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