jueves 23 de abril de 2009

¿Quién es el tal Pedro?

Finalmente el esperado día ha llegado. El sábado pasado se ha corrido la primera jornada. Y como sucede en estos casos... se sintió rico. Se sintió rico tener el reparto completo; se sintió más rico ver un primer fruto del trabajo de estos meses y, por supuesto, se sintió rico ver que hay un paso firme que nos augura una buena jornada y un dichoso destino.

En honor de tan fausta ocasión, haré breve semblanza de un muy importante integrante de nuestra joven compañía, un tal Pedro Calderón de la Barca.

Madrileño por nacimiento, vió la primera luz en 1600. Su padre, cual Carstens de la época, era ministro de hacienda de los dos Felipes, II y III. De familia noble, el apellido paterno deriva, según cuentan, de que uno de sus antepasados parecía haber nacido muerto, y le metieron en seguida en un caldero de agua caliente, según costumbre de la época, para verificar si era cierto que no vivía, en cuyo momento, al entrar en contacto con el agua de elevada temperatura, prorrumpió en sus primeros gritos.

A los nueve años el joven Pedro entró en el colegio de los jesuitas, y luego pasó a Salamanca, donde brilló en el estudio de las matemáticas y la filosofía. Hay noticias oscuras de que a los 13 años estrenó su primera comedia, El Carro del Cielo, fantasía que se desarrolla entre el cielo y la tierra. A los diez y nueve contaba ya tres o cuatro éxitos teatrales.

Calderón tuvo una muy difícil relación con su padre tanto porque éste casó en segundas nupcias después de la muerte de su madre, tanto como por que su padre quiso imponerle la capellanía a la que tenía derecho su familia. Según algunos críticos, es esta mala relación la que sustenta varios de los argumentos de las obras calderonianas, donde se presentan conflictos generacionales y engaños para evitar las paternas imposiciones en el amor o en la conducta.

Huyendo de la forzada carrera religiosa, a sus 24 años dióle por andar de guerrero y se alistó bajo las banderas de duque de Alba, peleando en Flandes e Italia.

Pocos hechos sobresalen en su biografía, definitivamente más sosegada que la de su contemporáneo Lope de Vega, entre ellos que sufrió una cuchillada en un tumulto ocurrido durante uno de sus estrenos.

Al final de su vida, cediendo a la voluntad de su difunto padre, se ordena sacerdote en 1651 y, poco después (en 1653), obtuvo la capellanía que tanto ansiaba Don Diego Calderón para la familia. Aunque Pedro Calderón siguió escribiendo comedias y entremeses, desde entonces dio prioridad a la composición de autos sacramentales, género teatral que perfeccionó y llevó a su plenitud, pues se avenía muy bien con su talento natural, amante de las complejidades teológicas.

Aparte de No hay burlas con el amor, es también autor de joyas como Casa con dos puertas, mala es de guardar, comedia de enredo, 1629. La dama duende, comedia de enredo, 1629. El príncipe constante, drama histórico, 1629. A secreto agravio secreta venganza, drama de honor, 1636. La vida es sueño, drama filosófico, 1636. El médico de su honra, drama de honor, 1637. El alcalde de Zalamea, drama de honor, 1651. La hija del aire, drama histórico, 1653. El gran teatro del mundo, auto sacramental, 1655.

Murió en 1681. Y por hoy, ésta nota también.

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